La Coctelera

inicio sindicaci;ón

Categoría: MEDICINA

El genial grupo Britanico nacio en una epoca donde se vivia una profunda transformación social,política economica,antropologica que significo el acicate del cambio en tierra del tio sam se habia iniciado afinales de los cuarenta y inicios de los cincuenta se inicio una revolución musical en diversas latitudes de los estados unidos .proyectandose a europa en especial a las islas britanicas . Hacia el mismo 1959, de pronto surgió el llamarse BEATLES. El nombre fue aparentemente traído por John y Stu inspirados en el conjunto que acompañaba a Buddy Holly, the Crickets (los grillos) por lo que pensaron en "beetles" (escarabajos) pero cambiando la segunda "e" por una "a" de manera de introducir la palabra "beat" (ritmo), el tipo de música que hacían. Así nació el nombre de Beatles. Hacia ese entonces, quien se ocupó de alguna manera de representarlos fue Allan Williams, dueño de un club llamado Jacarandá. En ese ambiente solían frecuentarse con otros grupos de Liverpool. Entre ellos se encontraban Cass and the Casanovas. El líder de este grupo, Casy Jones, al preguntar como se llamarían y al recibir el nombre "Beatles" como respuesta, sugirió que lo alargaran a "Long John and the Silver Beatles". STU SUTCLIFFE, EL BEATLE MALOGRADO beatles) Por lo que lo cambiaron, usando por un tiempo el de Silver Beatles. Este es el nombre con el que se presentaron ante Larry Parnes, el entonces productor más famoso de rock and roll inglés, representatnte de las más prominentes figuras como Billy Fury, Tommy Steele y Marty Wilde. El objeto de la prueba era hacer una gira como grupo acompañante de Billy Fury. Los Beatles impresionaron a Parnes y Fury pero el sonido de Stu era desastroso. Ante la exigencia de Parnes de eliminar a Stu, los Beatles se negaron. De todas maneras, consiguieron que Parnes les ofreciera acompañar a Johnny Gentle, un reciente descubrimiento, en una gira por Escocia. De nuevo surgía el problema: necesitaban un baterista y nuevamente, Cass de los Casanova lo proveyó: Tommy Moore, un obrero de una fábrica de botellas. Cuando volvieron de la gira, Tommy los abandonó ya que el trabajo no le daba para vivir. Los Beatles tuvieron que resignarse a trabajar en el Jacaranda los días en que no tocaba la banda estable del local, la Royal Caribbean Steel Band. Cuando Allan Williams inauguró un club de strip-tease, el New Cabaret Artists Club, los Beatles hacían la música de fondo para las chicas que se deshojaban. Pero no era esto lo que pretendían. Y Allan Williams no se daba cuenta del potencial del grupo. La oportunidad llegó cuando de la noche a la mañana, la Caribbean Band no se presentó en el Jacaranda. Los Beatles fueron los que se ocuparon de tapar el agujero. Poco tiempo después, Williams recibió una carta de salutación del grupo fugitivo. Se había ido a Hamburgo a actuar en el club Kaiserkeller. Williams, viendo posibilidades para otros grupos de Liverpool, viaja a Alemania y se entrevista con el dueño del Kaiserkeller, Bruno Koschmider. Previamente, hace que los grupos que frecuentan el Jacaranda graben una cinta. Cuando la hace escuchar a Koschmider se da cuenta que la misma no había salido grabada. De todas maneras, Koschmider queda entusiasmado con los grupos ingleses y pide a Williams que le envíe otra. De vuelta en Liverpool, Larry Parnes pide a Williams un grupo para hacer una gira. Williams ofrece a Derry Wilkie and the Seniors. Los miembros de este grupo abandonan sus trabajos para realizarla, pero sorpresivamente, Parnes anuncia que canceló la gira. Furiosos, Wilkie and the Seniors deciden vengarse, pero Williams los convence de que tiene un amigo en Londres, Tommy Littlewood, dueño del club Two l's que les dará una oportunidad. Williams viaja a Londres con Wilkie and the Seniors y se presentan en el club. Impactado por el sonido del grupo, un manager alemán pide hablar con su representante. El manager alemán era nada más ni nada menos que Bruno Koschmider. Koschmider pide a Williams que le envíe al grupo a Hamburgo ya que la estrella del Kaiserkeller, Tony Sheridan, acaba de pasar al club de la competencia, el Top Ten. Y pide más grupos. Williams piensa en los Beatles. Pero el mayor problema subsiste: falta el baterista. Desde el Jacaranda se escuchaba una batería sonar en la noche. A los gritos consiguen ubicar la ventana de donde proviene el sonido. Así se junta a los Beatles Norman Chapman. Permanece con ellos por tres meses hasta que es alistado para ir a Kenya. Nuevamente sin baterista. LLEVAME AL CASBAH Otro de los clubes que los Beatles solían frecuentar era el Casbah. En él, se habían presentado los Quarrymen anteriormente junto con un guitarrista de nombre Ken Brown. El local pertenecía a Johnny Best, un ex boxeador y su esposa, una hindú. El mayor de sus hijos, Peter, nacido en 1941, junto con Ken Brown y otros dos amigos habían formado el grupo The Blackjacks con Pete en batería. Luego de la gira por Escocia, los Beatles actuaron ocasionalmente en el Casbah y ante la propuesta de viajar a Hamburgo, Paul pensó en Pete ofreciéndole el puesto de baterista. Luego de convencer a sus padres, Pete accedió y los Beatles, compuestos por John, Paul, George, Stu y Pete Best iniciaron su viaje. Lo hicieron pasando por Holanda con visas de estudiantes. Al llegar a Hamburgo les fue ofrecido actuar en el Indra Club, un ex club de strip-tease, propiedad de Koschmider, ubicado en los barrios bajos de Hamburgo. La residencia de los Beatles fue la parte trasera de la pantalla de un cine, prácticamente un tugurio. El público del Indra, acostumbrado al strip no se acostumbraba al rock and roll, por lo que al cerrar el Indra pasaron al Kaiserkeller compartiendo el cartel con Derry Wiikie and the Seniors. El público de dichos locales, acostumbrado a la perversión de los bajos fondos, las peleas callejeras, el contrabando, etc., exigía que los Beatles hicieran show. El grupo se veía obligado a trabajar desde las 20 hasta las 2 de la madrugada en los días de semana y hasta las 3 de la mañana en los sábados. En una escena donde previamente el juke-box proveía la mayor diversión, los Beatles con su personalidad pronto comenzaron a destacarse. Los alemanes se quedaban fascinados ante el desenvolvimiento de esos muchachos vestidos en ropa de cuero y zapatillas y peinados con jopos engominados. La blasfemia, los estimulantes y el alcohol eran cosa de todos los días, por eso pedían más. Y los Beatles no se quedaban atrás. Un agente artístico alemán cierta vez describió alguna de sus acrobacias: John Lennon apareció una noche en traje de baño. Otra vez, un asiento de inodoro desapareció misteriosamente del baño del club. Como era de esperar, John apareció en escena con el asiento puesto en el cuello como una herradura. Y los muchachos no paraban allí. Provocaban a la clientela local burlándose de Hitler y haciendo el paso de ganso. Afortunadamente, muchas veces el ruido de copas y griterío era tal que la clientela no escuchaba todo lo que decían. Así permanecieron sanos y salvos» HAMBURGUÉS AL PLATO Cuando Wilkie and the Seniors se enemistaron con Koschmider, el grupo llamado a reemplazarlo fue Rory Storm and the Hurricanes. El baterista de dicho grupo era un muchacho llamado Richard Starkey. Otro de los miembros del grupo de Rory Storm, se llamaba Wally. Los muchachos de ambos grupos se reunían para tocar en los ratos libres y teniendo Wally buena voz decidieron hacer una sesión y grabar un disco. En un pequeño estudio que hacía grabaciones tipo souvenirs, el Akustik Studio, se juntaron John, Paul, George, Ringo y Wally y grabaron un disco 78 r.p.m. con los temas "Summertime" y "Fever". Sin Wally pensaban grabar un tema o dos más, pero el tiempo de actuar en el club se acercaba y Williams se negó. Así quedó frustrada la primera grabación de los que luego serían los Beatles. La amistad con los Hurricanes fue convirtiéndose en una coalición contra las deplorables condiciones a los que Koschmider tenía sometidos a los muchachos. Entre las competencias que se organizaban entre ambos grupos, los Hurricanes ganaron una apuesta que consistía en hundir a los saltos el desvencijado tablado del Kaiserkeller. Las travesuras de los Beatles sacaban de quicio a Koschmider quien en una cláusula del contrato especificaba, además, que los grupos no podían actuar ni simultáneamente ni treinta semanas después de finalizado el mismo en ningún otro club de la ciudad. Pese a todo, los Beatles se escapaban al Top Ten donde actuaba su ídolo, Tony Sheridan, la ex figura principal del Kaiserkeller. Esto exaltó al dueño del club. Pero colmó la medida cuando los muchachos cierta vez casi producen un incendio en el cine donde residían. Intervino la fuerza pública, George fue deportado por ser menor de edad; Paul y Pete encarcelados y luego deportados; John perdió su permiso de trabajo y al igual» que Stu tuvieron que volver. PILETA DE HÍGADO: OTRA VEZ LIVERPOOL En tanto ocurría todo esto. Alan Williams había inaugurado un club en la calle Sonó de Liverpool también llamado Top Ten. Estaba previsto que los Beatles actuarían allí, pero hacia la Navidad, y luego de una semana de inaugurado, el club se incendió. Desmoralizados, al volver por separado sin saber qué había sido del otro y avergonzados, debían enfrentarse ante la nueva realidad. Habían vuelto de Hamburgo a comienzos de diciembre de 1960 y hacia las navidades se habían reencontrado para actuar en el Casbah, el Grosvernor Ballroom y el 27 de diciembre se presentaron en el Litherland Town Hall. Allí fueron anunciados como "The Beatles, directamente desde Hamburgo". Bob Wooler, disc-jockey del Litherland y de un club adueñado por Ray Me Fall y situado en Matthew Street, llamado "The Cavern" quedó impresionado por la respuesta del público. Wooler sugirió a Me Fall cambiar la línea jazzística del Cavern, hacia el rock. Y el cambio dio resultado. En tanto. Allan Williams consiguió que la policía germana levantara las restricciones sobre el grupo y les consiguió un contrato en el Top Ten Club de Hamburgo, también en la calle Reeperbahn del distrito rojo, compartiendo el cartel con Gerry and the Pacemakers. En tanto esperaban poner sus papeles en regla para volver a Hamburgo, Wooler les consiguió en enero de 1961 un contrato para trabajar en el Cavern. Por su primera sesión cobraron 5 libras, para la última, en febrero de 1962, cobrarían 300. En abril de 1961 se realizó el segundo viaje a Hamburgo. George, el menor del grupo, ya había cumplido los 18 años. Los permisos de trabajo en el Top Ten de Peter Eckhorn fueron arreglados por amigos que se habían hecho en Hamburgo. Entre ellos figuraban Astrid Kirchherr, una fotógrafa que se enamoró de Stu, y Klaus Voorman, un diseñador gráfico. La admiración de estos dos intelectuales por el conjunto hizo que las audiencias fueran ampliándose desde los marineros y los rockers a los estudiantes y los bohemios. Fue en esta época cuando Astrid sugirió a Stu que se peinara como Klaus y otro amigo, Jurgen. Le cepilló e! pelo hacia abajo y lo recortó. Así se presentó Stu al Top Ten ante las carcajadas de sus compañeros. No las aguantó y volvió al jopo. Hasta el día siguiente, en que predominó la opinión de Astrid. Al tercer día George apareció peinado igual. Y luego Paul, aunque se cambió el peinado porque John aún no se decidía. Pete Best nunca lo adoptó. Tiempo más tarde, George se atribuyó la creación del peinado diciendo que no se peinó el pelo luego de salir de una pileta en Hamburgo. El peinado beatle había nacido, de todos modos. En esté viaje a Hamburgo, hicieron un LP de grupo acompañante de Tony Sheridan como "The Beat Boys". La grabación se hizo en el sello Polydor bajo la producción de Bert Kaempfert. En ellas Stu no tocó. Las agresiones del resto hacia él por su falta de talento musical (Stu tocaba de espaldas al público porque no sabía tocar y muchas veces el bajo estaba desenchufado sin que él se diera cuenta, travesuras de John y Paul) y su cansancio físico al tocar con el grupo durante la noche y el concurrir a los cursos de arte durante el día, hicieron que abandonara el grupo. Decidió quedarse en Hamburgo y casarse con Astrid, con la que vivía en un cuarto pintado de negro. BRIAN EMBRIAGADO Brian como manager percibiría el 25% de las ganancias y para ocupar se del grupo creó la empresa NEMS Enterprises. La primera oferta que aceptó fue la del Star Club de Hamburgo de Manfred Weissieder; por ella percibirían 400 marcos por semana y unas 40 libras para cada uno. Brian estableció que a partir de ese momento no cobraran menos de 15 libras por noche y algunas cosas más. Lo más importante que consiguió Brian Epstein fue pulir la imagen de los Beatles. Les dio instrucciones para que no jugaran o hicieran bromas en escena; que no comieran, bebieran, mascaran chicle o fumaran como acostumbraban a hacerlo; que se comportaran decentemente frente a tos reporteros; que se vistieran atildadamente abandonando la imagen rocker definitivamente. El próximo paso fue tratar de conseguirles un contrato de grabación. Interesó a la Decca, la que a fines de 1961 envió a Mike Smith para escucharlos. Este quedó muy entusiasmado y el 1" de enero de 1962 se dirigen a Londres para hacer una prueba en los estudios de dicha compañía en el Albert Embankment. Los ejecutivos de la compañía sin embargo, hicieron retardar la respuesta. Decían que los grupos de guitarra (al estilo de The Shadows que acompañaban a Cliff Richard) estaban pasando de moda. El que Brian Epstein les dijera que serian más grandes que Elvis Presley no los convenció. Dick Rowe, el manager artístico de Decca dijo: "Sr. Epstein, realmente, debería concretarse a vender discos en Liverpool". A partir de poco tiempo después, Rowe no fue consejero de ninguna discográfica. No sólo la Decca los rechazó. Pye. Philips, Columbia, HMV y EMI siguieron el camino. Sin embargo, en la encuesta de popularidad que el Mersey Beat organizó en diciembre de 1961 los Beatles ganaron. Para un recital del 24 de marzo de 1962 Brian tuvo que recurrir al siguiente título: "¡Ganadores de la encuesta del Mersey Beat. Artistas del sello Polydor. Previo a su gira europea!". Por supuesto que el sello Polydor era el alemán donde grabaron acompañando a Tony Sheridan, y su gira europea no era más que su tercer viaje a Hamburgo. LOS SUCESOS SE PRECIPITAN Luego de esta pomposa presentación en el Instituto Femenino de Barnston, el grupo viajó por primera vez en avión a Hamburgo. El 10 de abril de 1962, a los 21 años de edad, fallece en dicha ciudad Stu Sutcliffe por una hemorragia cerebral. El bello joven que naciera el 23 de junio de 1940 había pasado los últimos meses presa de terribles migrañas que Allan Williams origina en una vieja pelea callejera en que le habían pateado la cabeza. En tanto tos muchachos trataban de consolar a Astrid en su luto, Brian seguía sus tratativas en Inglaterra. Hacia mayo de 1962, decidido a pasar las cintas a un disco, Brian conversa con un amigo de la disquería HMV y éste lo conecta con Syd Coleman, un editor musical que se entusiasma y las lleva a Gaorge Martín del sello Parlophone, subsidiario de EMI. Martín ve posibilidades y les promete una prueba. Brian les comunica la noticia por telegrama. Los Beatles vuelven a Inglaterra en junio de 1962 y el 6 de ese mes hacen la prueba para Martín. En tanto, seguían actuando en Liverpool y hacían una audición para la BBC de Manchester. En julio, Martín les ofrece un contrato para Parlophone records. Pero aparentemente había un problema: el baterista. El 16 de agosto Pete Best es citado por Brian Epstein para comunicarle que estaba despedido del grupo. La excusa fue que a George Martín no le gustaba el sonido de su batería. Años más tarde Paul, John y George dijeron que no lo sentían como parte del grupo y que habían hecho recaer la responsabilidad sobre Brian. Pocos meses antes, a fines de 1961, Ringo Starr había abandonado a Rory Storm and The Hurricanes y se había dirigido al consulado americano averiguando las condiciones de trabajo en Texas. Decidido a convertirse en cow-boy, estaba esperando una respuesta a su solicitud. Un suceso importante se antepuso: ser el baterista de los Beatles. RICARDO Richard Starkey nació el 7 de julio de 1940 en el N° 9 de Madryn Street, hijo de Richard Starkey y Elsie Gleave, casados en 1936. De familia humilde, cuando Ritchie tenía tres años, sus padres se divorciaron. A los 6 años, una apendicitis se le complicó en peritonitis y lo mantuvo en el hospital por 6 meses aproximadamente. Cuando la enfermera le anunció que podría levantarse Ringo entendió que podía hacerlo inmediatamente y se cayó de la cama rompiéndose la pelvis, permaneciendo tres años en el hospital. Este desgraciado hecho perturbó notablemente sus estudios, los que quedaron a cargo de una amiga de él, Marie Maguire, quien le daba clases en su casa. A los 13 años de Richard, su madre volvió a casarse con Harry Graves y poco tiempo después, el niño volvió a enfermarse de pleuresía, complicándose un pulmón y manteniéndolo en el hospital por dos años. Esto truncó también su educación secundaria. En el hospital, junto con otros chicos internados, Richard comenzó a tocar el tambor y de allí evolucionó su gusto a la batería. Su primera batería, de segunda mano, le fue comprada por su padrastro por 10 libras. Para su primera batería nueva el abuelo le prestó las 50 libras de depósito sobre el costo total de 100 libras. Descontando una libra por semana de su salario, Richard cubrió la deuda. Comenzó a tocar en un conjunto de skiffle de Eddie Clayton. Luego trabajó con Rory Storm and the Hurricanes, en ese entonces el grupo más popular de Liverpool. Allí se lo llamaba Rings (anillos) debido a la cantidad de sortijas que usaba en sus manos a partir que su madre le regalara la primera a los 16 años para su cumpleaños. De allí el nombre derivó a Ringo y se abrevió el apellido a "Star" para anunciar su solo de batería como "star time" (tiempo de estrellas). Así nació Ringo Starr. El éxito de los Hurricanes los hizo hacer giras por Francia y Hamburgo, donde conoció a los Beatles. Cuando en Liverpool los Beatles le ofrecieron el puesto de baterista, las 25 libras semanales le hicieron olvidar el viaje a Texas y quedó como parte del grupo. Ahora, junto con ellos, se puso a esperar la grabación ofrecida por George Martín en Parlophone.

Algunos dicen que todo hombre es filósofo por naturaleza. Y, ciertamente, todos tenemos nuestras propias opiniones sobre los grandes temas filosóficos: como el tema de Dios, el origen del universo, el destino humano, etc. Sin embargo, no toda persona es filósofo profesional: porque no sabe, seguramente, justificar acabadamente esas opiniones suyas, ni contrastarlas cabalmente con otras parecidas o distintas. Sucede, sí, que todo hombre tiene que ver con la verdad, tanto en su dimensión teórica, presente en la educación, la literatura, los medios de comunicación, etc.; como en su dimensión práctica: a la hora de escoger, de decidir, de proyectar la propia vida, y demás. Pero esto ocurre de la misma manera que todo hombre tiene que ver con la bondad, o con la belleza, por ejemplo; y no por eso decimos que todo hombre sea justo o artista por naturaleza. Los artistas son quienes se dedican profesionalmente a cultivar esa dimensión de la persona que tiene que ver con la belleza: digamos, la sensibilidad estética, o la capacidad creativa. Parejamente los filósofos nos dedicamos profesionalmente a cultivar esa dimensión personal que nos pone en contacto con la verdad: sea la inteligencia o, más en general, el conocimiento.

Por otro lado, el ejercicio profesional de la filosofía es, hoy en día, muy restringido, casi privado; acontece, básicamente, en las universidades. Además, y en esta línea de consideraciones, suele decirse que el filósofo es persona solitaria, encerrada en sus propios pensamientos. Pero, igual que ocurre con los artistas, cabe sospechar que no obstante tiene su influjo en la sociedad: quizás marcando pautas de opinión, en la medida de sus posibilidades; o descubriendo en la sensibilidad del hombre contemporáneo sus intereses teóricos, sus dudas y problemas, para las que intenta arbitrar soluciones o anticipar consecuencias. El filósofo vive en el mundo, y en contacto con sus semejantes; e intenta elevar a concepto, pensar y entender, cuanto a su alrededor ocurre; y desarrolla la filosofía, o la extiende, o la formula en nuevas versiones que sintonizan con el entorno y la situación en los que vive.

La filosofía en la segunda mitad del siglo XX

Y como estamos empezando un nuevo siglo, parece ser la ocasión oportuna para hacer un balance del pasado, y ver en qué situación nos encontramos: a qué punto ha llegado, y en qué momento está la filosofía. Podríamos señalar las siguientes notas:

- en el siglo veinte ha habido un alto desarrollo de esa parte de la filosofía que es la lógica. Desde el neopositivismo lógico del círculo de Viena, hasta la filosofía analítica predominante en el contexto anglosajón (el Reino Unido y USA), la lógica del siglo pasado se ha desarrollado y especializado muchísimo, incluso hasta alcanzar una cierta autonomía respecto de la propia filosofía. También hay que tener en cuenta que en ese siglo se ha desarrollado mucho la informática y la alta tecnología, y eso ha obligado a idear sistemas de procesamiento de información con unas estructuras lógicas muy complejas.

- en segundo lugar, en el siglo veinte se ha desarrollado también mucho la filosofía práctica. La escuela de Frankfurt en Alemania, la teoría de la acción en el ámbito sajón, todo el pensamiento marxista que pervivió hasta la caída del muro de Berlín, y demás, han desarrollado mucho la reflexión sobre los temas morales, sociales y políticos. La declaración de los derechos humanos, la extensión y reconocimiento de la democracia como forma de gobierno de los pueblos, y nuevos fenómenos sociales como la potenciación del papel público de las mujeres, las migraciones contemporáneas, etc. han proporcionado a su vez cierta solidez y nuevos problemas a la temática de la filosofía política, que se está constituyendo también en un cuerpo un tanto autónomo de la filosofía teorética.

- en tercer lugar, el racionalismo e idealismo que caracterizó la filosofía moderna, en los que el pensamiento se dedicó a pensarse a sí mismo, han tenido unas secuelas de cierta importancia en el siglo veinte, principalmente la fenomenología y la hermenéutica. Los pensadores más reconocidos en este campo son Husserl y Heidegger. Seguramente el primero es el autor más leído e influyente del siglo; y el segundo es posiblemente el metafísico más reconocido de la filosofía contemporánea. Pero sus planteamientos, especialmente en la segunda mitad de siglo, nos han parecido insuficientes, o necesitados de alguna puntualización.

- porque, finalmente, el siglo veinte en su conjunto ha sido para la filosofía un período inestable, de crisis, de búsqueda de nuevas formas de pensar, como el existencialismo o el estructuralismo, y, en particular en la segunda mitad de siglo, de crítica de la racionalidad moderna, a la que se juzga demasiado teoretizante o idealista: apartada de la vida real y concreta de los hombres, tan aceleradamente cambiante en ese siglo. La apelación a Nietzsche ha sido frecuente en este contexto. Y en esta línea han aparecido movimientos que han terminado por ser irracionalistas, como la postfenomenología francesa, la filosofía de la diferencia, el pensamiento débil italiano, etc. Paralelamente, el ateísmo y el relativismo cultural imperantes ofrecen cierta base social a estos movimientos de crisis de la razón.

Precisamente en este ámbito voy a hablar aquí de dos pensadores muy heterogéneos entre sí, pero que comparten la denuncia de ese abuso del pensar teoretizante ejercido en la filosofía moderna. Y voy a aludir a ellos porque se distinguen del resto de los críticos de la razón que han aparecido en la segunda mitad del siglo veinte, en su carácter positivo: porque ofrecen una alternativa esperanzadora para la filosofía, en lugar de hablar de su ocaso, de la muerte de los grandes relatos, o del fin de la teoría y hasta de la historia.

Leonardo Polo

Leonardo Polo es un filósofo madrileño (1926-) que ha desarrollado su actividad docente principalmente en la universidad de Navarra y en numerosos periplos por distintas universidades iberoamericanas. En 1964 presentó a la comunidad filosófica nacional (El acceso al ser) su filosofema central: el límite mental. La mente humana tiene una limitación constitutiva que el ejercicio del pensamiento no hace sino consagrar. En cambio, si se detecta adecuadamente, cabe una metodología filosófica consistente en abandonar el límite mental. Dicho abandono es hacedero de cuatro maneras, que abocan a una mejor comprensión de la temática filosófica radical, a saber: la esencia y el ser del universo, y la esencia y el ser de las personas humanas.

A partir de esa intuición primeriza, Polo ha consagrado su larga carrera de investigación filosófica a precisar el alcance de su nueva metodología y al desarrollo de la filosofía que se logra más allá del límite mental. Su trabajo ha supuesto, en resumen, los siguientes logros:

- una reivindicación del saber humano en su forma habitual. No es la teoría, ni la ciencia, el modelo máximo de la sabiduría humana, sino la experiencia. Y así, tal y como sucede con los saberes prácticos, que son artesanales, algo así ocurre también con los saberes teóricos: que son susceptibles de una experiencia intelectual, de acuerdo con la cual alcanzamos a saber más y mejor que con el objetivismo de la teoría científica y su metodología exclusivamente analítica.

- una reposición de la metafísica, estrictamente como saber de principios, de los primeros principios, y de causas. Cuya defensa no entra en colisión con la libertad y autonomía del hombre, porque, según Polo, la metafísica y la antropología son saberes distintos y heterogéneos, aunque compatibles; y lo son porque el mundo y el hombre son a su vez seres distintos, realidades con distinto modo de existir, aunque coexistan.

- Y, sobre todo, una nueva formulación, trascendental, de la antropología, que considera a la libertad como un radical de la existencia humana, abierta al conocer y al amar. Con ella, en mi opinión, se da cauce adecuado a la pretensión moderna de independencia y autonomía, a la elevación del ser personal, pero sin apartar al hombre de la realidad: del mundo en el que habita, de los demás con quienes convive, y de Dios con quien principalmente coexiste.

Emmanuel Levinas

Por su parte Levinas (1906-1995) es un pensador ruso-francés y judío, que padeció los rigores de la revolución soviética y de las guerras mundiales, pasando cinco años de cautiverio en los campos de concentración de la Alemania nazi. Y en su filosofía denunció también algo olvidado por el exceso teoretizante de la tradición filosófica occidental, centrada en sí misma: el otro, los otros y lo otro. El subjetivismo moderno, y el de la filosofía toda, es, para Levinas, algo egocéntrico. Por eso pretendió contestar al pensamiento contemporáneo, de Husserl y Heidegger principalmente, con una antropología que considerara al hombre como constituído desde fuera: por los demás, y para ellos; no autónomo e independiente, sino abierto pasivamente al influjo externo: de los demás, y de todo lo otro que no es el yo. Es su propuesta de Totalidad e infinito (1961), su primera gran obra filosófica. Así alcanzamos una visión del hombre un tanto distinta a la del subjetivismo moderno: como ser mortal, sexuado y genealógico.

Pero, no satisfecho con esta antropología, Levinas dedicó su segunda gran obra filosófica, De otro modo que ser o más allá de la esencia (1974), a sostener el primado de la ética en la filosofía. Una ética de la responsabilidad y el testimonio, basada en el bien de que el hombre es capaz más que en su modo de ser; y que aspira a dar gloria a Dios, un Dios inasible por el hombre y trascendente. El inmanentismo de la teoría debe dejar paso al predominio de la práctica, y a la entrega generosa a los demás. Los filósofos oficiales, Heidegger en concreto, se habían olvidado de Levinas cuando cayó prisionero, y de todos los judíos; pero deben recordar que los demás son más importantes que los propios pensamientos y teorías.
La filosofía de Levinas es un poco extremosa, pues reclama el completo olvido de sí y la generosidad enteramente altruista. Así es la ética anterior y más allá del primado de la razón. La antropología trascendental poliana, también alcanzada más allá del límite del pensamiento, es quizás más ajustada a la índole del espíritu humano, un espíritu capaz de tener y no sólo de dar. Pero ambas son propuestas para el hombre del siglo veintiuno, al que le urge comprenderse, y está quizás ya cansado de un pensar demasiado enredado en sí mismo o limitado a cuestionar el alcance de sus logros.

En los inicios de la Conquista del Perú, los españoles fundaron diversas ciudades. Muchas de ellas estaban asentadas sobre antiguas ocupaciones urbanas incas.
En 1534, encontrándose Hernando Pizarro, como adelantado, en el Santuario de Pachacamac, envió una expedición para buscar un emplazamiento estratégico en donde se fundaría la ciudad que, más tarde, se convertiría en la capital del Virreinato.
Los expedicionarios llegaron al valle de Lima y hallaron una cultura establecida, cuyo centro administrativo estaba edificado en torno de una plaza principal. Tanto la cercanía al mar y la fertilidad del valle, como un cerro alto y la infraestructura de dicho emplazamiento permitieron considerar a Francisco Pizarro la conveniencia de fundar allí la Ciudad de los Reyes, denominada protocolarmente "La muy noble, muy digna y muy leal Ciudad de los Reyes del Perú".
La ceremonia de fundación se realizó en el lugar que en la actualidad ocupa la Plaza Mayor, el 18 de enero de 1535. De inmediato se procedió a repartir los terrenos entre los conquistadores presentes y entre los antiguos vecinos de Jauja y San Gallán, de acuerdo al plano trazado por Diego de Agüero, quien dividió el espacio en 117 manzanas. Cada una de éstas comprendía cuatro solares o terrenos.
La casa del Gobernador Francisco Pizarro fue construida de una manera sencilla, con un patio al centro, y un jardín en el que sembró una higuera que existe hasta nuestros días.
Al iniciarse la vida republicana, la antigua Casa de los Virreyes se convirtió en la Casa de Gobierno de la República del Perú, en cuyas instalaciones funcionaron también varios ministerios.
En 1926, el Presidente Augusto B. Leguía encargó al arquitecto francés Jean Claude Antoine Sahut Laurent el diseño del nuevo Palacio de Gobierno. Pero, en 1932 se paralizaron las obras.
Posteriormente, fue el Presidente Oscar R. Benavides quien encargó al arquitecto Ricardo de Jaxa Malachowski que completase la construcción. Los trabajos se iniciaron el 4 de agosto de 1937 con la demolición de la parte antigua. No fue hasta el año siguiente que se dio término a la obra, tras lo cual se inauguró oficialmente el Palacio de Gobierno.

Los Salones Pedro Potenciano Choquehuanca y Eulogio Eléspuru Deustua
El Salón Choquehuanca -al que se ingresa por la calle Palacio- recibe su nombre en homenaje a los soldados que ofrendaron sus vidas defendiendo Palacio en el ataque que éste sufrió el 29 de mayo de 1909, durante el primer gobierno del Presidente Augusto B. Leguía.
En un lado del salón se encuentra un busto dedicado al patriota Choquehuanca, así como un retrato del Virrey Pedro Fernández de Castro, Conde de Lemos, de autor anónimo, que data del siglo XVII.
El diseño del Salón Eléspuru, que corresponde al estilo del Renacimiento español, incluye un hermoso artesonado que permite conocer el trabajo en madera que se tornó típico de la época colonial. La serie de arcos de medio punto, de influencia morisca, realza la belleza del mosaico utilizado en el piso. Trabajado en mármol italiano, este piso muestra un fino diseño donde destaca el color y la calidad del material.
En este ambiente se exhiben dos calesas presidenciales. La primera calesa -de invierno-, que data del siglo XIX, fue encargada a la empresa británica Peters and Sons, que la construyó con madera y hierro. En su interior se observa, en la parte del techo, bordado en hilos plateados y dorados, el Sol de los Incas y, en sus puertas, el Escudo Nacional. En la segunda calesa -de verano-, fabricada por la empresa francesa Kellner, también se ha utilizado madera y hierro.
Ambas calesas fueron utilizadas hasta 1974 en ocasiones especiales, como la ceremonia de presentación de cartas credenciales de los embajadores. Los últimos cocheros que las condujeron fueron los señores Tomás Meza y Alfredo Huallasco.

Denominado así por sus impresionantes dimensiones, el Gran Hall es el primer espacio de Palacio al que se accede por la Puerta de Honor, por donde ingresan las más importantes autoridades.
En sus flancos se aprecian hermosas columnas y relieves trabajados en estucado en yeso, decorados con pinturas y pan de bronce. El diseño del piso de mosaicos de mármol italiano presenta al Sol geométrico en el centro, rodeado por diversas y complejas decoraciones.
El Gran Hall se pueden apreciar, además, en toda su magnificencia, los vitrales que integran el techo del enorme ambiente. El espléndido trabajo, influido por el art nouveau -en boga en la primera mitad del siglo XX- ilumina el espacio interior con una tenue luz.
Finalmente, en el Gran Hall se exhibe una galería de bustos que representan a personalidades de la historia de América Latina -del escultor Miguel Bacca Rossi- y dos esculturas de los Libertadores de América, Bolívar y San Martín, cuyo autor es el artista Luis Agurto.

A través del Gran Hall se accede a la residencia del Presidente de la República, en cuyo interior se hallan otros salones importantes y un patio sevillano en donde se conserva, hasta nuestros días, la higuera que sembró Francisco Pizarro.
En el segundo piso del Gran Hall existe una galería decorada en estucado en yeso blanco. En este piso se encuentra el salón de reuniones del Consejo de Ministros.

EL GRAN COMEDOR
iseñado por el arquitecto Ricardo Jaxa Malachowski, el Gran Comedor constituye uno de los espacios más atractivos de Palacio. Su estilo recuerda a los elegantes salones coloniales de la época del Barroco. Son destacables el tallado de los zócalos, el impresionante artesonado con vigas talladas y sus dos suntuosos balcones -cuyo diseño se basa en el estilo colonial de Lima-, que esconden salas de música para orquestas de cámara con que se amenizaban las reuniones realizadas en el Gran Comedor. El tallado, a cargo del maestro E. Laya, fue ejecutado por la empresa Ciurlizza Maurer.
Lo que más impresiona es la hermosa araña de cristal, ubicada al centro del salón, cuya construcción se encargó -como tres más pequeñas- a Checoslovaquia. La gran araña, que pesa aproximadamente una tonelada y media, se ilumina con 175 focos.
Entre las obras artísticas que adornan el Gran Comedor se debe mencionar seis hermosos lienzos de la época colonial. Los cuatro que están situados en los extremos del salón pertenecen al artista A. Brueghel, del siglo XVII, en tanto que los otros dos que aparecen al lado de la puerta de ingreso son del artista napolitano Jerónimo Cenatiempo, del siglo XVIII.
La capacidad del Gran Comedor permite invitar a 250 comensales y sus hermosas sillas lucen en el dorso un estampado dorado del escudo de Francisco Pizarro.

En este salón se firmó, en 1980, el Tratado de Paz entre Honduras y El Salvador. Asimismo, desde aquí impartió la Paz al Perú, en 1985, el Papa Juan Pablo II. Por este motivo se le conoce también con el nombre de Salón de la Paz. Las placas que conmemoran ambos acontecimientos se encuentran en el vestíbulo que antecede al Gran Comedor.

Anteriormente conocido como Salón Francisco Pizarro, adquirió su nueva denominación, Salón Túpac Amaru, en la década del 70, durante el Gobierno del General EP Juan Velasco Alvarado, debido a la política nacionalista y a la admiración que el referido gobernante profesaba al precursor de la Independencia del Perú.

El Salón Túpac Amaru
Anteriormente conocido como Salón Francisco Pizarro, adquirió su nueva denominación, Salón Túpac Amaru, en la década del 70, durante el Gobierno del General EP Juan Velasco Alvarado, debido a la política nacionalista y a la admiración que el referido gobernante profesaba al precursor de la Independencia del Perú.
En el salón predomina el estilo neocolonial. Mide 35 m. de largo y está dividido en tres cuerpos: una rotonda central de 11 m. de diámetro y dos alas laterales de 12 m. de largo por 8 m. de ancho. En la rotonda se puede apreciar una hermosa cúpula de madera con una farola de vitrales en el vértice. En los ángulos inferiores de la rotonda, cuatro hornacinas se advierten relieves en yeso con motivos incaicos, producidos por la inspiración de Daniel Casafranca.
Este salón fue el primer comedor oficial de Palacio, con una capacidad que albergaba a 172 comensales. Quedó en desuso cuando se construyó el nuevo Gran Comedor en la época del Presidente Benavides.
En la actualidad se utiliza para las conferencias de Prensa del Presidente de la República y de los Ministros de Estado, así como para la celebración de diversos actos oficiales.


EL SALON SEVILLANO

En el salón predomina el estilo neocolonial. Mide 35 m. de largo y está dividido en tres cuerpos: una rotonda central de 11 m. de diámetro y dos alas laterales de 12 m. de largo por 8 m. de ancho. En la rotonda se puede apreciar una hermosa cúpula de madera con una farola de vitrales en el vértice. En los ángulos inferiores de la rotonda, cuatro hornacinas se advierten relieves en yeso con motivos incaicos, producidos por la inspiración de Daniel Casafranca.
Este salón fue el primer comedor oficial de Palacio, con una capacidad que albergaba a 172 comensales. Quedó en desuso cuando se construyó el nuevo Gran Comedor en la época del Presidente Benavides.
En la actualidad se utiliza para las conferencias de Prensa del Presidente de la República y de los Ministros de Estado, así como para la celebración de diversos actos oficiales.

II HISTORIA DE LAMBAYEQUE

Diversas etapas de la ancestral cultura peruana se han desarrollado en Lambayeque, existen hallazgos que datan desde los tiempos de los cazadores nómades hasta culturas tan sofisticadas como los Mochica, los Sicán o los Chimú. Alrededor del siglo I d.C. diversos señores Mochica dominaron la región, logrando un alto nivel de producción agrícola y desarrollo artístico. Hacia el siglo VII d.C. el poder Mochica colapsó para dar paso a otras influencias provenientes del sur vinculadas a la cultura Huari a partir de las cuales, nació una nueva expresión cultural local conocida como Sicán. Contaban los antiguos lambayecanos que mucho tiempo atrás, apareció ante los pescadores una gran flota de balsas extrañas. Los recién llegados venían dirigidos por un señor muy bien ataviado llamado Naylamp, "Gran Ave del Mar". Sorprendido por la laboriosidad y destreza de los habitantes de la zona, Naylamp decidió mandar construir un templo para alojar a la imagen de Ñam Pallec, un ídolo de piedra que era su retrato. Los vecinos de los alrededores no dejaban de sorprenderse por el buen gobierno de este señor, poco a poco, fueron integrándose a sus dominios. Un día, Naylamp desapareció. Según los sacerdotes le habían brotado alas y había emprendido el vuelo. Fueron sus descendientes, entonces, quienes debieron mantener la tradición. Este mito nos cuenta los orígenes de una de las culturas más importantes de la costa norte, la cultura Lambayeque o Sicán, un pueblo de agricultores y navegantes cuyo desarrollo alcanza su apogeo alrededor del siglo VIII d.C. Los Sicán lograron un dominio magistral en el trabajo con metales. Las joyas encontradas en las tumbas muestran que contaron con grupos de orfebres altamente especializados. Hacia inicios del siglo XV, una nueva influencia arribó a Lambayeque, los Chimú, ellos conquistaron el territorio y más tarde los Incas incorporaron estas tierras al Tahuantinsuyo. La presencia hispana en Lambayeque se consolidó con la fundación de la ciudad del mismo nombre en 1553 y la de Zaña en 1563, ésta ciudad que tuvo que ser abandonada como consecuencia del desborde del río Zaña que la destruyó por completo. Lambayeque se convirtió a inicios del siglo XIX en uno de los principales focos patriotas; sus acciones implicaron no sólo la recaudación de dinero para la causa, sino también formar parte de los tropas que enfrentaron decididamente al ejército realista. Ya entrada la República, se desarrollaron con éxito en la zona las haciendas productoras de azúcar y arroz. FOLKLORE En Lambayeque se cultivan diversas manifestaciones culturales, que van desde alegres bailes como la Marinera y el Tondero, hasta las peleas de gallos de pico y los Caballos Peruanos de Paso montados por expertos chalanes (domador, entrenador y jinete del Caballo de Paso Peruano). Además, en muchos pueblos, se practica la medicina tradicional o el curanderismo, acto en el que el curandero o shamán recurre a hierbas y ritos mágicos para aliviar los pesares de la gente.

Ronald Ramírez Olano

Para empezar a escribir de los genios de miguel y Leonardo respectivamente empecemos aclarando que fueron contemporáneos pero con diferencias de edades respectivamente El primero nació alla por el 6 de marzo de 1475 en el pequeño pueblo de Caprese, cerca de Arezzo, aunque, en esencia, fue un florentino que mantuvo a lo largo de toda su vida unos profundos lazos con Florencia, su arte y su cultura. Pasó gran parte de su madurez en Roma trabajando en encargos de los sucesivos papas; sin embargo, siempre se preocupó de dejar instrucciones oportunas para ser enterrado en Florencia, como así fue; su cuerpo descansa en la iglesia de Santa Croce. El padre de Miguel Ángel, Ludovico Buonarroti, oficial florentino al servicio de la familia Médicis, colocó a su hijo, con tan sólo 13 años de edad, en el taller del pintor Domenico Ghirlandaio. Dos años después se sintió atraído por la escultura en el jardín de San Marcos, lugar al que acudía con frecuencia para estudiar las estatuas antiguas de la colección de los Médicis. Invitado a las reuniones y tertulias que Lorenzo el Magnífico organizaba en el Palacio de los Medici con otros artistas, Miguel Ángel tuvo la oportunidad de conversar con los Médicis más jóvenes, dos de los cuales posteriormente llegaron a ser papas (León X y Clemente VII); conoció también a humanistas de la talla de Marsilio Ficino y a poetas como Angelo Poliziano, habituales visitantes del palacio. Por entonces Miguel Ángel que contaba con 16 años de edad, ya había realizado al menos dos esculturas en relieve, el Combate de los lapitas y los centauros y la Virgen de la Escalera (ambas fechadas en 1489-1492, Casa Buonarroti, Florencia), con las que demostró que ya había alcanzado su personal estilo a tan temprana edad.

Su mecenas, Lorenzo el Magnífico, murió en 1492; dos años después Miguel Ángel abandonó Florencia, en el momento en que los Médicis son expulsados por un tiempo de la ciudad por Carlos VIII. Durante una temporada se estableció en Bolonia, donde esculpió entre 1494 y 1495 tres estatuas de mármol para el Arca de Santo Domingo en la iglesia del mismo nombre. Más tarde, Miguel Ángel viajó a Roma, ciudad en la que podía estudiar y examinar las ruinas y estatuas de la antigüedad clásica que por entonces se estaban descubriendo. Poco después realizó su primera escultura a gran escala, el monumental Baco (1496-1498, Museo del Barguello, Florencia), uno de los pocos ejemplos de tema pagano en vez de cristiano realizados por el maestro, muy ensalzado en la Roma renacentista y claramente inspirado en la estatuaria antigua, en concreto en el Apolo del Belvedere. En esa misma época Miguel Ángel esculpió también la Pietà (1498-1500) para San Pedro del Vaticano, magnífica obra en mármol que aún se conserva en su emplazamiento original. La Pietà, una de las obras de arte más conocidas, Miguel Ángel la terminó casi con toda seguridad antes de cumplir los 25 años de edad, es además la única obra en la que aparece su firma. El punto culminante del estilo de juventud de Miguel Ángel viene marcado por la gigantesca (4,34 metros) escultura en mármol del David (Academia, Florencia), realizada entre 1501 y 1504, después de su reg
Con anterioridad a la bóveda de la Sixtina, en 1505, Miguel Ángel había recibido el encargo del papa Julio II de realizar su tumba, planeada desde un primer momento como la más magnífica y grandiosa de toda la cristiandad. Pensada para ser emplazada en la nueva Basílica de San Pedro, entonces en construcción, Miguel Ángel inició con gran entusiasmo este nuevo desafío que incluía la talla de más de 40 figuras, pasando varios meses en las canteras de Carrara para obtener el mármol necesario. La escasez de dinero, sin embargo, llevó al Papa a ordenar a Miguel Ángel que abandonara el proyecto en favor de la decoración del techo de la Sixtina. Cuando, años después, retomó el trabajo de la tumba, la rediseñó a una escala mucho menor. No obstante, Miguel Ángel pudo terminar algunas de sus mejores esculturas con destino a la tumba de Julio II, entre las que destaca el Moisés (c. 1515), figura central de la nueva tumba, hoy conservado en la Iglesia de San Pedro in Vinculis, Roma. Pese a que el proyecto para la tumba de Julio II había requerido una planificación arquitectónica, la actividad de Miguel Ángel como arquitecto no comenzó de hecho hasta 1519, cuando diseñó la fachada (nunca realizada) de la Iglesia de San Lorenzo en Florencia, ciudad a la que había regresado tras su estancia en Roma. Durante la década de 1520 diseñó también la Biblioteca Laurenciana (sala de lectura y vestíbulo con la escalinata de acceso), anexa a la citada iglesia, aunque los trabajos no finalizaron hasta varias décadas después. También durante esta larga etapa de residencia en Florencia Miguel Ángel emprendió -entre 1519 y 1534- el encargo de hacer las tumbas de los Médicis en la Sacristía Nueva de San Lorenzo. Ya en Roma, Miguel Ángel comenzó a trabajar en 1536 en el fresco del Juicio Final para decorar la pared situada tras el altar de la Capilla Sixtina, dando por concluidos los trabajos en 1541. En 1538-1539 se iniciaron las obras de remodelación de los edificios en torno a la Plaza del Capitolio (Campidoglio), sobre la colina del mismo nombre, corazón político y social de la ciudad de Roma. Concibió el Capitolio como un espacio ovalado, y en su centro colocó la antigua estatua ecuestre en bronce del emperador Marco Aurelio. En torno a ella dispuso el Palacio de los Conservadores y el Museo Capitolino, así como también el Palacio del Senado, dando al conjunto una nueva uniformidad constructiva acorde con la monumentalidad propia de la antigua Roma. La obra cumbre de Miguel Ángel como arquitecto fue la Basílica de San Pedro, su cúpula se convirtió en modelo y paradigma para todo el mundo occidenta

Por otro lado Leonardo da vinci nació en Italia Leonardo nace en la ciudad de Vinci, cerca de Florencia, el 15 de abril de 1452. hijo natural (ilegítimo) de Ser Piero di Antonio, notario de Florencia, y Caterina, quien casó más tarde con Accatabringa di Piero di Vacca, vecino de Anciano. Educado en casa de su abuelo paterno hasta que en 1469 viaja con su padre a Florencia quedando confiado a Verrocchio (1453-1488), quien se encarga de su formación pictórica. En su taller coincide con Perugino, Ghirlandajo y, probablemente, con Botticelli. De él tomó modelo Verrochio para su David del Museo Bargello.

En 1472, Leonardo aparece inscrito en el registro de la Compagina di San Luca como pintor florentino. En 1476 sufre acusación de sodomía de la que fue absuelto. En esta etapa de su formación, Leonardo, estudia la anatomía humana participando en la disección de cadáveres. De esta época destacan las siguientes obras pictóricas: Bautismo de Cristo (1472, Museo de los Uffizi, Florencia) obra de Verrochio en la que colabora Leonardo; La anunciación (1472-75, Uffizi); Retrato de Ginebra Vencí (1474-76, National Gallery Washington); Virgen Venios (1475-78, Ermitage, San Petesburgo); La adoración de los Magos (1481-83, Museo de los Uffizi) por encargo del convento de San Donato Scopeto, obra inacabada; La anunciación (1478, Museo del Louvre, París); La Virgen del Clavel (1478-80, Pinacoteca de Munich); San Jerónimo (1480, Pinacoteca Vaticana).

En 1482 se traslada a Milán, donde se ofrece a Ludovico Moro como arquitecto, ingeniero militar, pintor y escultor, siendo empleado como organizador de fiestas, creando complicados mecanismos que se utilizarán en fiestas, espectáculos y torneos. Ludovico le encarga una estatua ecuestre de su padre, Francesco Sforza, en grandes proporciones para situarla en la plaza del Duomo de Milán. Leonardo trabajó en ella durante dieciséis años y, aunque nunca fue fundida, dejó realizado un modelo de caballo de ocho metros que fue destruido en 1499.

Participa en discusiones sobre la construcción de las catedrales de Milán y Pavía. Durante sus diecisiete años de permanencia en Milán realiza las siguientes obras pictóricas: La Virgen de las rocas (1483-93, Museo del Louvre); Retrato de un músico (1485-90, Pinacoteca Ambrosiana, Milán); La belle ferronniére (1490-95, Louvre); Dama con armiño (1485-90, Museo Czartoryski, Cracovia); Santa Ana, la Virgen, el Niño y San Juan Bautista (1498-99, National Gallery, Londres); La Santa Cena (1495-98, refectorio de Santa María delle Gracie, Milán).

En 1499 cae el ducado de Milán tras el enfrentamiento con Luis XII de Francia. Leonardo se traslada a Vaprio, Mantua, donde realiza el retrato de Isabel de Este (1500, Museo del Louvre) y Venecia, bajo el servicio de César Borgia para quien realiza trabajos de ingeniería militar.

De vuelta a Florencia y siendo muy conocido en Italia, realiza su obra más notable y conocida, retrato de Mona Lisa o Gioconda (1503-06, Louvre). Este retrato representa a Lisa Gherardini, casada con Bartolomeo del Giocondo, mujer nacida en 1479. la obra fue adquirida por Francisco I por 12.000 francos.

Otra obra de esta etapa es La Batalla de Anghiari (1503-05), pintura mural para la sala del Gran Consejo del Palacio Viejo de Florencia. Obra inacabada.

Se le encargan trabajos de ingeniería que fracasaron como, por ejemplo, los planos para desviar el curso del Arno.

En 1503 vuelve a Milán donde realiza un monumento ecuestre para la tumba de Trivulcio (1511-12). En esta ciudad crea escuela siendo sus seguidores más notables Ambrogio de Predis, Luini y Solario y los españoles Hernán Yañez de la Almedina y Hernando Llanos que fueron los primeros que propagaron el leonardismo fuera de Italia.

De esta segunda estancia en Milán destacan las siguientes obras: la Virgen de las rocas (1507-08, National Gallery) y Santa Ana con la Virgen y el Niño (1510, Louvre).

En 1513 Leonardo viaja a Roma atraído por el mecenazgo del Papa León X de Medicis, aunque reside en Belvedere protegido por el cardenal Giuliano de Medicis, apartándose de la corte pontificia dominada por Rafael y sus seguidores. De esta etapa destacan San Juan Bautista (1510-13, Louvre) y Baco (1511-15, Louvre).

En 1515 se traslada a Francia invitado por el rey Francisco I dedicándose a estudios arquitectónicos para los castillos reales, atribuyéndosele la escalera interior de doble vuelta del castillo de Chambord. Leonardo reside en el castillo de Cloux cerca de Amboise donde muere el 12 de mayo de 1519.

Su obra permaneció olvidada, con excepción del Tratado de pintura, iniciado en Florencia en 1508 y editado en 1651, hasta la publicación de sus manuscritos.

En Leonardo se funden la actividad artística y científica, si esta última fue minusvalorada por sus contemporáneos, en la primera fue valorado como un maestro que supo plasmar la belleza como ideal renacentista. Su técnica más notable es el sfumato consistente en difuminar los contornos basándose en su teoría científica sobre"el espesor transparente del aire". Leonardo intuye que la atmósfera no es transparente, sino que tiene color y formas propias, que cambian por efecto de la luz. Estas propiedades varían el volumen y el color de los objetos.

Leonardo en su constante investigar realiza innovaciones técnicas en el campo de la pintura que hacen que alguna de sus obras corra el peligro de perderse al poco tiempo de su realización, así en la Santa Cena tiene lugar un rápido deterioro debido al uso del óleo aplicado sobre muro. Antonio de Beatis, en 1517, deja constatación del comienzo del deterioro de la obra (diecinueve años después de su realización). En 1556 Vasari se refiere a ella como "una masa de manchas". En 1587 Armenini dice que se encuentra"medio estropeada pero bellísima".

Otra faceta fundamental de Leonardo es la de dibujante. En sus dibujos relaciona el arte con distintas ciencias como medicina e ingeniería al emplearlos como complemento de sus apuntes. Ello nos indica el carácter humanista del autor. Un ejemplo de ello es su Studio (Real Academia de Venecia) sobre el que se puede encontrar más información en El hombre de Vitrubio.

Los enfrentamientos

En 1503 la Republica de Florencia a través de la Signoria (una suerte de primer ministro del consejo de gobierno) le encarga a Leonardo Da Vinci que pinte un enorme mural en una pared de la gran sala llamada Maggiore Consiglio - Gran Consejo - en la primera planta del Palazzo Vecchio. Leonardo por entonces tenia 51 años y era una celebridad que hoy llamaríamos mediática, pues era conocido en toda Europa como artista, ingeniero, músico y un sin fin de habilidades intelectuales y artísticas que seria tedioso enumerar, tan enorme era su sabiduría. Fue una decisión arriesgada, pero, pues el artista acababa pocas obras en las que se veía involucrado, aunque era un encargo oficial y de envergadura, por lo que el toscano acepto encantado. Cuando no llevaba ni un año trabajando a medio ritmo, como era lo normal en él, la ciudad encarga nada menos que a Miguel Ángel Buonarroti que pinte un fresco en la misma sala pero en la pared opuesta. Fue una jugada maestra, pues reunía en un mismo lugar a los dos artistas mas conocidos de la época y los enfrentaba artísticamente, pensando, equivocadamente, que estimularía a los genios en una carrera para pintar el mejor fresco. Leonardo y Miguel Ángel no se llevaban bien, el primero estuvo en el consejo para determinar la posición del David, una de las obras maestras de Buonarroti, en Florencia y, en su opinión lo que se tenia que hacer era ‘…ponerla detrás de un murete frente al Palazzo Vecchio, para que no moleste en las procesiones y actos públicos’. Su recomendación, finalmente, no fue escuchada y pusieron la estatua en medio de la plaza de la Signoria, donde actualmente aun esta una copia a tamaño natural. A Miguel Ángel ciertamente no le gusto nada la actitud de Leonardo para con él. Por otra parte es lógico que se molestase pues, algo hay de verdad en la envidia (seguramente sana) que sentía da Vinci por el joven escultor, poeta, arquitecto y pintor de veintinueve años. El problema es que Buonarroti tenia muy mal genio y tuvieron por lo menos dos broncas formidables. En una de ellas, unos hombres charlaban con Leonardo en la calle y le preguntaron si podía aclararles un asunto literario, en concreto, sobre unos versos de Dante. El maestro, viendo que en esos momentos pasaba Miguel Ángel por allí, les dijo que se lo preguntasen a él, nada mas oír lo que decía da Vinci, se giro en redondo y le soltó ‘ acláraselo tu, que diseñaste un caballo para fundirlo en bronce y, al no poder hacerlo, tuviste que abandonarlo, cubriéndote de vergüenza’, sin venir mucho a cuento, la verdad, marchándose inmediatamente después, lo que dejo a Leonardo con la palabra en la boca y rojo de ira. Hacia unos años Leonardo habia proyectado una enorme estatua ecuestre del Duque Ludovico Sforza, llamado El Moro, gobernante de Milán, que no paso de la etapa de modelaje en arcilla; por culpa de la guerra que iban a entablar en breve con los franceses (que perdieron), todo el metal preparado para la escultura fue utilizado mas tarde para fundir cañones y proyectiles. Esta estatua hubiese sido difícil de llevarla a cabo por querer Leonardo fundirla de una pieza, una monumental tarea, muy compleja técnicamente y a eso se refería Miguel Ángel cuando le espeto, criticando la forma de trabajar de su colega y atacando donde mas le dolía al de da Vinci.

Batalla de Cascina

Miguel Ángel después de pintar el cartón, un boceto a tamaño natural del fresco, a los cuatro meses de recibir el encargo, marcha hacia Roma para trabajar para el Papa Julio II, un miembro de la familia Médicis, dejando el encargo sin terminar. Los que vieron el cartón dijeron que era magnifico, representa la Batalla de Cascina a través de unos soldados que, al ser sorprendidos mientras se bañan en un río, por un ataque enemigo se apresuran a salir del agua y vestirse. El autor nos ofrece una visión secuencial de la acción con soldados en el agua, saliendo de ella, vistiéndose y finalmente marchando hacia el campo de batalla, según una copia de la época.

En estos cartones los artistas experimentaban la composición de la obra y acostumbraban a ser muy detallados, de da Vinci se conservan algunos que son contemplados como obras de arte al mismo nivel que las obras acabadas. Si estaban pintados a escala servían, una vez cuadriculados, para traspasarlos a la pared conservando las proporciones, pero si eran a tamaño natural el procedimiento era mas complejo e interesante. Primero se agujereaba el cartón con finos alfileres, miles de agujeros, siguiendo los trazos, después se coloca en su lugar y se espolvorea con carboncillo en polvo para fotocopiar el boceto sobre la pared, al retirar el cartón debía aparecer debajo el dibujo preparatorio.

                                                           LA   VELOCIDAD  DE LA   LUZ

La velocidad de la luz no ha sido siempre constante, ya que hace 2.000 millones de años era algo inferior en la Tierra, según nuevos datos obtenidos del reactor nuclear de Oklo, en Gabón, que ya en tiempos prehistóricos generaba calor mediante reacciones nucleares similares a las que hoy emplean las centrales atómicas. El descubrimiento necesita ser ratificado con más mediciones, pero refuerza la necesidad de un nuevo marco teórico para explicar el Universo. 

  La velocidad de la luz

una de las más importantes constantes conocidas del Universo, pudo ser algo inferior hace dos mil millones de años, según se desprende de una antigua fuente de información, el reactor natural de Oklo, que hasta ahora avalaba la constancia de la velocidad de la luz.

La sorpresa ha surgido cuando investigadores de la Universidad de California trataban de medir con más precisión la constante de estructura fina, también conocida como alpha.

Esta constante fina o alpha es la que relaciona la velocidad del electrón en el estado más bajo de energía del átomo de hidrógeno, con la velocidad de la luz. La estructura fina es una de las constantes fundamentales del Universo, junto a la que describe la relación de masa del electrón con la del protón y junto a la que relaciona la fuerza gravitacional con la eléctrica.

Sobre estas constantes fundamentales se han elaborado tanto la relatividad restringida como la relatividad general y la teoría cuántica, que son las que describen el conjunto de partículas y campos conocidos. Por ello, cualquier variación en una de estas constantes tendría gran trascendencia para la física actual.

El parámetro alpha

Al revisar los datos ofrecidos por el reactor Oklo con un espectro de información que los autores denominan "más realista", las cifras obtenidas para esa constante de estructura fina sugieren que el parámetro alpha ha disminuido respecto a hace 2.000 millones de años.

La idea de que la velocidad de la luz es constante proviene de la medida del parámetro alpha, cuya variación, para muchos físicos, significa un cambio de la velocidad de luz.

Hasta ahora, los físicos que se oponen a aceptar cualquier variación en la velocidad de la luz se basan, entre otras fuentes, en la información facilitada por el reactor nuclear natural que fue encontrado en 1972 en Oklo, Gabón, África Occidental.

Este yacimiento de uranio, que abarca una superficie de aproximadamente 35.000 km2, se puso en funcionamiento hace casi 2.000 millones de años, cuando diversas reacciones nucleares se originaron espontáneamente en esa región africana, generando calor de la misma forma que lo hacen las actuales centrales nucleares.

Ligera variación

Los análisis realizados hasta ahora sobre los isótopos radiactivos de Oklo habían determinado que las reacciones nucleares de hace 2.000 millones de años eran iguales a las de hoy, lo que significaba que la constante alpha también era la misma y, por ende, que la velocidad de la luz era también constante.

Sin embargo, el nuevo estudio sobre los datos de Oklo ofrece datos más precisos que los disponibles anteriormente, señalando que la constante alpha ha disminuido en más de 4,5 partes en 10 elevado a 8 desde que surgió el reactor natural, lo que en principio supone que la velocidad de la luz ha variado también ligeramente respecto al valor de hace 2.000 millones de años.

Los resultados de esta investigación se publican en Physical Review D, donde el abstract está disponible en Internet, si bien una versión libre de este artículo está publicada en Arxiv. La revista Newscientist también ha dedicado un artículo a este descubrimiento.

La comunidad científica ha reaccionado de diversa forma ante el descubrimiento, que aún necesita ser confirmado por otros experimentos antes de que pueda afirmarse categóricamente que la velocidad de la luz es variable.

Física revisada

Las supuesta variación de la velocidad de la luz contradice la teoría de la Relatividad de Einstein, además de cuestionar otras muchas teorías de la física tradicional.

La eventualidad de una variación temporal de las constantes fundamentales ha sido contemplada desde los años cuarenta del siglo pasado por algunos físicos, que han insistido en realizar medidas precisas de algunos fenómenos relacionados con las constantes fundamentales para comprobar si alguna de ellas ha podido variar con el tiempo.

Esta hipótesis, planteada por Dirac, Jordan y otros, es la que ha llevado a los físicos a profundizar en los valores atribuidos a las constantes fundamentales y a sugerir que la velocidad de la luz ha podido ser diferente en otros momentos de la historia de la Tierra.

Algunos físicos creen al respecto que la eventual variación de la velocidad de la luz sería la explicación de algunos fenómenos cosmológicos desconcertantes, como la temperatura casi uniforme del Universo, al mismo tiempo que reforzaría las teorías sobre las dimensiones espaciales adicionales.

Nuevo marco teórico

Los físicos siempre se han preguntado por qué las constantes fundamentales tienen los valores que se les atribuyen y si es posible que exista un mecanismo dinámico vinculado a la expansión del Universo que determine el valor, invariable o aleatorio, de estas constantes.

Sin embargo, estas cuestiones no han encontrado respuesta en el cuadro de la física actual, donde las así llamadas constantes fundamentales han sido introducidas como parámetros arbitrarios.

Es posible que estas cuestiones tengan respuesta en un marco teórico más completo que el actual, como ha sugerido Théodore Kaluza con su generalización de la teoría de Einstein, la cual comprendería un espacio-tiempo de cinco dimensiones en el que las constantes fundamentales no tendrían parámetros invariables.

La teoría de las cuerdas sugiere a su vez que todas las constantes son dadas por campos variables en el espacio y el tiempo asociados al campo gravitacional, por lo que el valor de todas las constantes puede predecirse.

El nuevo análisis de los datos de Oklo y sus conclusiones prometen por ello profundizar en un debate crucial para la comprensión del mundo físico, ya que este descubrimiento refuerza los modelos cosmológicos alternativos como el sugerido por la teoría de las cuerdas, abundando en la necesidad de un nuevo marco teórico para explicar el Universo.

 

                                                           LA   VELOCIDAD  DE LA   LUZ

La velocidad de la luz no ha sido siempre constante, ya que hace 2.000 millones de años era algo inferior en la Tierra, según nuevos datos obtenidos del reactor nuclear de Oklo, en Gabón, que ya en tiempos prehistóricos generaba calor mediante reacciones nucleares similares a las que hoy emplean las centrales atómicas. El descubrimiento necesita ser ratificado con más mediciones, pero refuerza la necesidad de un nuevo marco teórico para explicar el Universo. 

  La velocidad de la luz, una de las más importantes constantes conocidas del Universo, pudo ser algo inferior hace dos mil millones de años, según se desprende de una antigua fuente de información, el reactor natural de Oklo, que hasta ahora avalaba la constancia de la velocidad de la luz.

La sorpresa ha surgido cuando investigadores de la Universidad de California trataban de medir con más precisión la constante de estructura fina, también conocida como alpha.

Esta constante fina o alpha es la que relaciona la velocidad del electrón en el estado más bajo de energía del átomo de hidrógeno, con la velocidad de la luz. La estructura fina es una de las constantes fundamentales del Universo, junto a la que describe la relación de masa del electrón con la del protón y junto a la que relaciona la fuerza gravitacional con la eléctrica.

Sobre estas constantes fundamentales se han elaborado tanto la relatividad restringida como la relatividad general y la teoría cuántica, que son las que describen el conjunto de partículas y campos conocidos. Por ello, cualquier variación en una de estas constantes tendría gran trascendencia para la física actual.

El parámetro alpha

Al revisar los datos ofrecidos por el reactor Oklo con un espectro de información que los autores denominan "más realista", las cifras obtenidas para esa constante de estructura fina sugieren que el parámetro alpha ha disminuido respecto a hace 2.000 millones de años.

La idea de que la velocidad de la luz es constante proviene de la medida del parámetro alpha, cuya variación, para muchos físicos, significa un cambio de la velocidad de luz.

Hasta ahora, los físicos que se oponen a aceptar cualquier variación en la velocidad de la luz se basan, entre otras fuentes, en la información facilitada por el reactor nuclear natural que fue encontrado en 1972 en Oklo, Gabón, África Occidental.

Este yacimiento de uranio, que abarca una superficie de aproximadamente 35.000 km2, se puso en funcionamiento hace casi 2.000 millones de años, cuando diversas reacciones nucleares se originaron espontáneamente en esa región africana, generando calor de la misma forma que lo hacen las actuales centrales nucleares.

Ligera variación

Los análisis realizados hasta ahora sobre los isótopos radiactivos de Oklo habían determinado que las reacciones nucleares de hace 2.000 millones de años eran iguales a las de hoy, lo que significaba que la constante alpha también era la misma y, por ende, que la velocidad de la luz era también constante.

Sin embargo, el nuevo estudio sobre los datos de Oklo ofrece datos más precisos que los disponibles anteriormente, señalando que la constante alpha ha disminuido en más de 4,5 partes en 10 elevado a 8 desde que surgió el reactor natural, lo que en principio supone que la velocidad de la luz ha variado también ligeramente respecto al valor de hace 2.000 millones de años.

Los resultados de esta investigación se publican en Physical Review D, donde el abstract está disponible en Internet, si bien una versión libre de este artículo está publicada en Arxiv. La revista Newscientist también ha dedicado un artículo a este descubrimiento.

La comunidad científica ha reaccionado de diversa forma ante el descubrimiento, que aún necesita ser confirmado por otros experimentos antes de que pueda afirmarse categóricamente que la velocidad de la luz es variable.

Física revisada

Las supuesta variación de la velocidad de la luz contradice la teoría de la Relatividad de Einstein, además de cuestionar otras muchas teorías de la física tradicional.

La eventualidad de una variación temporal de las constantes fundamentales ha sido contemplada desde los años cuarenta del siglo pasado por algunos físicos, que han insistido en realizar medidas precisas de algunos fenómenos relacionados con las constantes fundamentales para comprobar si alguna de ellas ha podido variar con el tiempo.

Esta hipótesis, planteada por Dirac, Jordan y otros, es la que ha llevado a los físicos a profundizar en los valores atribuidos a las constantes fundamentales y a sugerir que la velocidad de la luz ha podido ser diferente en otros momentos de la historia de la Tierra.

Algunos físicos creen al respecto que la eventual variación de la velocidad de la luz sería la explicación de algunos fenómenos cosmológicos desconcertantes, como la temperatura casi uniforme del Universo, al mismo tiempo que reforzaría las teorías sobre las dimensiones espaciales adicionales.

Nuevo marco teórico

Los físicos siempre se han preguntado por qué las constantes fundamentales tienen los valores que se les atribuyen y si es posible que exista un mecanismo dinámico vinculado a la expansión del Universo que determine el valor, invariable o aleatorio, de estas constantes.

Sin embargo, estas cuestiones no han encontrado respuesta en el cuadro de la física actual, donde las así llamadas constantes fundamentales han sido introducidas como parámetros arbitrarios.

Es posible que estas cuestiones tengan respuesta en un marco teórico más completo que el actual, como ha sugerido Théodore Kaluza con su generalización de la teoría de Einstein, la cual comprendería un espacio-tiempo de cinco dimensiones en el que las constantes fundamentales no tendrían parámetros invariables.

La teoría de las cuerdas sugiere a su vez que todas las constantes son dadas por campos variables en el espacio y el tiempo asociados al campo gravitacional, por lo que el valor de todas las constantes puede predecirse.

El nuevo análisis de los datos de Oklo y sus conclusiones prometen por ello profundizar en un debate crucial para la comprensión del mundo físico, ya que este descubrimiento refuerza los modelos cosmológicos alternativos como el sugerido por la teoría de las cuerdas, abundando en la necesidad de un nuevo marco teórico para explicar el Universo.

 

Uno de los más importantes desarrollos de los estudios sobre la cultura Mochica en los últimos diez años es la cada vez más clara división entre una esfera sur y una esfera norte geográficamente separadas por la Pampa de Paiján. En estas dos áreas de la costa norte peruana entidades políticas de diferente grado de complejidad se desarrollaron entre los años 100 y 750 d.C. La adscripción de todos los Mochicas a una sola entidad política parece derivar de una falta de análisis de variaciones regionales en todos los aspectos de la cultura material, del énfasis de los estudios arqueológicos desde principios de siglo en el área de los valles de Moche y Chicama, centro de la esfera Mochica del sur, y de la escasez de colecciones comparativas de Mochica del norte. Los Mochica del sur parecen haber sido un estado unificado que se embarco en un proceso de expansión hacia el sur durante las fases III y IV. Aun cuando los Mochicas del norte y sur siguieron diferentes líneas de desarrollo todas compartieron estrategias económicas, organizaciones sociales y prácticas y creencias ideológicas. En este artículo presentamos las evidencias disponibles para postular la división e interpretamos las circunstancias históricas y ecológicas que generaron las diferentes sendas de desarrollo.

One of the most important developments in Moche studies in the last ten years is the increasingly apparent division between a northern and a southern sphere, geographically separated by the Pampa de Paiján. In these two areas of the Peruvian North Coast distinct political entities developed between A.D. 100 and 750. The ascription of all Moche to one single political entity seems to derive from the predominance of archaeological studies starting at the turn of the century in and around the southern valleys of the Moche, a scarcity of comprehensive collections for the northern Moche, and a general lack of analysis of regional variations in Moche material culture. The southern Moche seems to have been a single, unified expansive state that underwent a process of southward expansion during Phases III and IV. In spite of different developmental paths, both the northern and southern Moche polities shared similar economic strategies, social organizations, and ideological practices and beliefs. In this paper we present the evidences available to postulate the division and interpret the historical and ecological circumstances that generated the different developmental paths and ceramic sequences.

Introducción

En los últimos años la arqueología de la costa norte del Perú, y particularmente la arqueología Mochica, han experimentado un inusitado desarrollo, especialmente a partir del descubrimiento y excavación de las tumbas reales de Sipán en 1987. El renovado interés que existe en el fenómeno Mochica se puede ver en la gran cantidad de investigaciones que hoy se llevan a cabo (Uceda y Mujica 1994), y en el número de publicaciones sobre diversos aspectos de este pueblo que aparecen cada año. Este desarrollo no está basado sólo en recientes descubrimientos, sino que es el resultado del aporte de una larga tradición de investigadores que comenzó con Max Uhle y Rafael Larco, y ha continuado con la contribución de un gran número de peruanos y extranjeros dedicados al estudio de esta sobresaliente sociedad.

Actualmente gran parte de las investigaciones sobre la cultura Mochica están dedicadas al estudio de tres grandes temas: la iconografía y la secuencia cerámica, y particularmente la estructura política regional. Una serie de recientes estudios están tratando de establecer cuántas regiones, entidades políticas o estados constituyeron el fenómeno Mochica. Tradicionalmente se aceptaba que los Mochicas fueron a lo largo de su historia un estado centralizado o una entidad política unificada y monolítica (Figura 1), controlada por una clase gobernante de sacerdotes guerreros desde una capital ubicada en las Huacas de Moche. Los Mochicas habrían difundido sus tradiciones a lo largo de un amplio territorio a través de un proceso de conquista militar. Esta concepción centralizada y expansiva está siendo cuestionada. Nuevos estudios arqueológicos sugieren que existirían contemporáneamente al menos dos grandes regiones Mochicas, una norte y otra sur, separadas por la Pampa de Paiján (Figura 2; Donnan 1990, n.d., Donnan y Cock 1986).

Paralelamente se están reexaminando las peculiaridades del desarrollo de las manifestaciones culturales del fenómeno Mochica en diversas regiones, especialmente en cuanto a su secuencia cerámica. La secuencia cerámica Mochica de cinco fases, planteada por Larco en 1948 y confirmada en numerosos estudios de colecciones y trabajos arqueológicos, si bien útil para explicar la evolución de la cerámica Mochica en la región sur (en adelante Mochica-Sur), aparentemente no tienen la misma utilidad en la región norteña del fenómeno Mochica (en adelante Mochica-Norte).

Nuevos descubrimientos y nuevas líneas de investigación han llevado a cuestionar la existencia de un estado Mochica único y unificado, y de una sola secuencia cerámica, pero a la vez han reafirmado la uniformidad de "lo Mochica" como entidad cultural. Es cada vez más claro que los Mochicas de diversas regiones compartieron a lo largo de su historia una serie de elementos en común, los cuales evitaron que las diferentes entidades políticas seconvirtieran en entidades culturales independientes.

Cuando pensamos en los Mochicas nos imaginamos una sociedad cohesionada, que compartía un ecosistema definido por los valles costeños de Piura a Nepeña (Donnan 1978) y que estaba expuesta a ciclos de Niños y sequías. Es muy probable que los Mochicas hablaran una misma lengua, emparentada con la lengua Muchik (Carrera [1644] 1939); participaran en ceremonias muy semejantes, como la Ceremonia del Sacrificio (Alva y Donnan 1993) y rindieran culto a los mismos dioses, especialmente Aia Paec (Larco 1948, Castillo 1989). Una compleja jerarquización de la sociedad fue común a todas las entidades políticas Mochicas (Larco 1938, 1939), mostrándose la posición de los individuos en todos los aspectos de la vida cotidiana; desde sus ropajes y joyería, sus armas y literas, los portadores y sirvientes que tenían, hasta su porte y musculatura que dependía, al fin y al cabo, de su dieta. Luego de su muerte cada individuo recibía un tratamiento funerario que reflejaba su posición en la sociedad a través del tipo y tamaño de su tumba y de los objetos depositados como ofrendas en ella (Castillo y Donnan 1994, Donnan n.d., Donnan y Mackey 1978). Sabemos también que los señores Mochicas contaron con artesanos de gran experiencia, capaces de enroscar minúsculas laminas de oro y hacerlas parecer hilos (Alva y Donnan 1993: Fig. 185), o de decorar ceramios y paredes con detallados diseños que mostraban ceremonias y rituales, así como animales silvestres y monstruos sobrenaturales (Uceda, et. al. 1994; Bonavia 1985; PACEB 1994). También construyeron algunos de los templos y residencias más suntuosas que se hayan visto en los Andes (Hass 1985). Si bien estos elementos nos hablan de una sociedad compleja y jerarquizada, son las semejanzas estilísticas de los artefactos producidos en diversas regiones y bajo distintas administraciones las que nos indican una tradición compartida y una fuerte interacción entre los Mochicas de diversas regiones.

Primera parte: una sola cultura mochica

La idea que los Mochicas constituyeron una sola entidad política y cultural es el resultado de las peculiaridades de la evidencia arqueológica. Para explicar como se llegó a esta interpretación queremos plantear tres fases en que las evidencias fueron colectadas e interpretadas. En la primera fase se determinó que existía una sola cultura Mochica, diferente e independiente de otras culturas prehispánicas. Esta cultura había antecedido a la irrupción de elementos asociados con el Horizonte Medio y la cultura Chimú. Esta interpretación estuvo basada en la identificación en diferentes valles de la costa norte de un repertorio de artefactos, especialmente ceramios, muy semejantes en forma y decoración, y de una comparación de este estiloe con el de objetos obtenidos en otras regiones, especialmente en la costa central.

En la segunda fase se definió que los artefactos cerámicos producidos por los Mochicas habían evolucionado en todas las regiones influenciadas por esta cultura de acuerdo a una misma secuencia, configurada por Rafael Larco en cinco fases estilísticas. Esta secuencia estuvo basada en un estudio sistemático de grandes colecciones de cerámica, especialmente la colección del Museo de Chiclín (hoy Museo Arqueológico Rafael Larco H.), y de superposiciones de contextos funerarios de donde provenían los ceramios. Finalmente, en la tercera fase se definió el carácter político del fenómeno Mochica. La expansión de la cultura Mochica y la difusión de su cultura material habrían sido el resultado de una sola entidad política expansiva y militarista, que durante las fases tres y cuatro alcanzó a conquistar la región comprendida entre los valles de Lambayeque y Nepeña. Signo inequívoco de este proceso era la distribución de la cerámica Mochica, especialmente de la cerámica elaborada que representaba a las clases gobernantes de esta sociedad.

  • Una Sola Cultura

Las culturas precolombinas usualmente han sido definidas a través de conjuntos de objetos que comparten los mismos rasgos estilísticos, especialmente objetos cerámicos. Conjuntos de objetos con diferentes rasgos estilísticos representan diversas culturas, e interacciones entre estilos, por ejemplo cuando un estilos aparece influenciando a otro, se interpretan como interacciones entre diferentes entidades culturales. Una vez que el repertorio de rasgos ha sido definido, se estudia su distribución en el espacio para entender cuál fue el ámbito geográfico controlado o influenciado por una determinada cultura. Culturas arqueológicas son, por lo tanto, conjuntos de objetos distribuidos en el espacio, no de personas ni de las sociedades que las organizaron. El primer paso en la creación de una cultura prehispánica, entonces, es caracterizar un estilo cerámico, tanto a través del estudio de objetos en contexto, como de objetos en colecciones. Con la cultura Mochica la situación no fue diferente, y fue el peculiar origen de la muestra cerámica que se estudió lo que llevó a pensar amuchos investigadores, incluidos nosotros, que los Mochica habían sido una sola entidad cultural.

En el primer capítulo de la historia de los estudios sobre la cultura Mochica destacan tres personalidades: Max Uhle, investigador alemán que realizó las primeras excavaciones científicas en las Huacas del Sol y la Luna; Alfred Kroeber, uno de los pioneros de la antropología norteamericana que estudió en detalle las colecciones de Uhle; y particularmente Rafael Larco, investigador peruano que dedicó su vida, y buena parte de sus recursos, al estudio de esta sociedad. Antes del trabajo de estos investigadores, si bien existían colecciones en el Perú y el extranjero que incluían piezas de esta tradición, la cultura Mochica no existía como entidad independiente. La primera tarea de estos investigadores fue, pues, aislar el fenómeno Mochica de otros fenómenos culturales, y ubicarlo en la secuencia de culturas del antiguo Perú.

Max Uhle, en sus excavaciones a principios de siglo en las Huacas de Moche, ubicó y excavó una serie de tumbas Mochicas, especialmente en las áreas definidas como sitios E y F al pie de la Huaca de la Luna (Uhle 1915, Kroeber 1925:213). Estas tumbas, lamentablemente nunca bien publicadas, contuvieron más de 680 piezas de cerámica estilísticamente muy consistentes. Muchas compartían la característica decoración pictórica en crema y ocre, y/o detallada decoración escultórica que permitían diferenciarlas fácilmente de otros estilos encontrados en el sitio, especialmente del ubicuo estilo Chimú, y del estilo Tiahuanaco encontrado por el mismo Uhle en Pachacamac en 1896 (1903). Uhle además determinó que este estilo era contemporáneo con la construcción de la Huaca de la Luna (Uhle 1915:105), por lo tanto los arquitectos de estas masivas estructuras pertenecían a la misma sociedad que había producido a los maestros artesanos que elaboraron esta fantástica cerámica.

Kroeber (1925), luego de un minucioso análisis de las colecciones de Uhle en la Universidad de California, Berkeley, caracterizó por primera vez el estilo, diferenciándolo de otros estilos encontrados en el sitio. La información estratigráfica recogida por Uhle permitía concluir que el nuevo estilo era anterior a los estilos Tiahuanaco y Chimú, por lo que Kroeber lo llama Proto-Chimú. El estilo caracterizado por Kroeber no era exclusividad de la colección de Uhle; piezas semejantes existían en otros Museos en Europa, los Estados Unidos y el Perú. Kroeber en su estudio comparó las colecciones recogidas por Uhle con colecciones existentes entonces en el American Museum of Natural History y el Peabody Museum. En estos museos Kroeber encontró ceramios con las mismas características estilísticas, confirmando que se trataba no de un fenómeno aislado, sino de un estilo consistente y difundido en la costa norte. Ahora bien, pequeñas diferencias existían entre algunos grupos de objetos, especialmente en sus formas y contenidos iconográficos, lo que hacía sospechar que existían variaciones, quizá debidas a factores cronológicos, en el estilo. Es decir que estas colecciones incluían objetos de diversas épocas. Esta sospecha no se comprobaría hasta que no se estableciera una secuencia para la cerámica Mochica.

En base a la procedencia de estas colecciones, y a informaciones recogidas durante sus propios viajes de investigación por la costa norte del Perú, Kroeber inició el estudio de la distribución espacial del estilo Proto-Chimú (Figura 3). Kroeber (1925:224-229) concluyó que el estilo Proto-Chimú "en realidad es característico sólo en [...] el área de Trujillo-Chimbote, ocurriendo infrecuentemente en las dos áreas adyacentes (Casma al sur, y Pacasmayo-Chepén al norte), y no apareciendo en lo absoluto en las dos áreas más norteñas (Lambayeque y Piura). Aún cuando estéticamente superior, Proto-Chimú permanece siendo un estilo local. Evidentemente existió durante un período de limitadas comunicaciones, probablemente de unidades políticas restringidas" (Kroeber 1925:228-229).

Las características estilísticas que Kroeber encontró en los materiales excavados por Uhle también estaban presentes en miles de piezas en colecciones existentes en el Perú, especialmente en la colección pionera que Víctor Larco creara y que posteriormente fuera depositada en el Museo Nacional, y en la gigantesca colección que Rafael Larco congregara en la Hacienda Chiclín. Estas semejanzas estilísticas confirmaban, como era de esperarse, la consistencia del estilo Proto-Chimú y su enorme frecuencia. Se requería en este momento de un amplio corpus de piezas cerámicas para pasar de una simple caracterización a una definición del estilo y la iconografía Mochica. Rafael Larco, a través de excavaciones de cementerios en diversos valles de la costa norte entre Chicama y Santa (1945:30-41), y de la adquisición de colecciones menores, logró reunir la colección más grande y completa de cerámica Mochica que existe a la fecha. Fue en base al estudio de esta colección, proveniente en su inmensa mayoría de los valles de Chicama a Santa, que Larco definió el estilo Mochica (1945:15, 1948).

El estudio de la cerámica Mochica emprendido por Larco es radicalmente diferente al estudio de Kroeber. Kroeber analizó la cerámica Mochica solamente desde una perspectiva estilística, tratando de identificar elementos que permitieran fechar sitios y comprender la secuencia cultural de la costa norte. Kroeber estaba interesado en identificar culturas (entendidas como unidades estilísticas); Larco estaba interesado en entender la mentalidad y la vida del hombre Mochica del pasado. Para Larco la cerámica Mochica era primero un documento de la vida en el pasado, y sólo en segundo lugar una herramienta estilística o un instrumento cronológico. Es por esto que Larco emprende y publica primero (1938, 1939, 1945) sus estudios interpretativos, donde describe al hombre Mochica y su sociedad, la religión y el arte, el gobierno y el culto a los muertos. Larco entendía la totalidad de la producción cerámica Mochica como el resultado de un grupo de individuos compartiendo un mismo sistema cultural, un mismo idioma y una misma religión, y regidos por una misma élite y un mismo sistema político. No fue sino hasta 1946 y 1948 que Larco publica su estudio de la secuencia estilística de la cerámica Mochica. Es por el énfasis en el individuo y no el estilo que Larco denomina a este fenómeno con el gentilicio Mochica.

La acuciosidad y rigor del trabajo de Uhle, Kroeber y Larco está fuera de duda. Lo que queda por discutir es sólo si la base de datos con que contaron estos investigadores era realmente representativa de la totalidad del fenómeno Mochica. Por lo temprano de estos estudios algunas omisiones son obvias. Kroeber, por ejemplo, afirma en 1925 que en el valle de Lambayeque las evidencias de la cultura Mochica "aún esperan ser descubiertas o por lo menos publicadas" (Kroeber 1925:228). Larco, si bien menciona la presencia de cerámica Mochica en los valles de Piura a Casma, afirma en 1966 que en Lambayeque "es escasa la orfebrería Mochica y que tuvieron menor cantidad de oro a su disposición que los hombres de Lambayeque" (Larco 1966b:97). Estas afirmaciones contrastan con la magnificencia de la tumba del Señor de Sipán, donde las asociaciones de los Mochicas con grandes cantidades de oro y con una fuerte presencia en el valle de Lambayeque quedan claramente confirmadas.

Es evidente, por ende, que tanto Kroeber como Larco contaron para hacer sus observaciones con datos arqueológicos y colecciones de ceramios procedentes principalmente de los valles de Chicama, Moche, Virú, Chao, Santa y Nepeña. Piezas de estas regiones conformaban el grueso de la colección Larco, y de las grandes colecciones del Museo Nacional de Lima, del Museo fur Volkerkunde en Berlín, del Museo del Hombre de París, etc. En base a estas colecciones es que se hicieron las primeras observaciones y caracterizaciones del estilo Mochica y de su secuencia cronológica. Los resultados fueron luego comparados y confirmados con otras colecciones provenientes de estas mismas áreas.

Larco sabía de la existencia de algunos especímenes de cerámica Mochica en el valle de Lambayeque, al norte de la zona antes definida (Figura 1), pero por su reducido número los explicó en términos de "intercambio comercial y cultural entre los hombres de Lambayeque y los Mochicas. De allí que en Lambayeque, Pátapo, Pomalca y otros lugares encontremos sectores con tumbas correspondientes a Mochica III, IV y V." (Larco 1966b:94). Kroeber, a su vez, menciona en su estudio de 1925 la existencia de 17 ceramios de estilo Mochica provenientes de Chepén, en el American Museum of Natural History (1925:225-226). Había evidencias de presencia Mochica al norte del área cultural Mochica, pero estas evidencias, por su baja incidencia y esporádica aparición indicaban una presencia de naturaleza.

En los años sesenta, con el descubrimiento de cerámica Mochica en Vicús, surge la primera posibilidad de contrastar el estilo Mochica definido a partir de evidencias de la región sur de la costa norte, con una muestra de origen totalmente distinto. Larco encontró en las piezas provenientes de Vicús suficientes elementos en común con ceramios Mochicas de fases tempranas como para calificar a este nuevo grupo de objetos como una nueva manifestación del mismo fenómeno cultural. Larco reconoció en estas piezas el uso de las mismas formas, especialmente el asa estribo, los mismos o semejantes motivos decorativos, la bicromía, el tamaño y el peso, etc. La procedencia de este nuevo conjunto de ceramios era, en síntesis, prueba fehaciente de que, incluso desde muy temprano, la cultura Mochica, había controlado un territorio aún más vasto del presupuesto. Las diferencias entre estos nuevos objetos y los ya conocidos para el período Mochica I en la secuancia cerámica de Rafael Larco, no eran destacables (Larco 1965, 1966a).

En síntesis, la consistencia y unidad de la cultura Mochica se definió a partir de las semejanzas de un enorme conjunto de ceramios provenientes tanto de colecciones y museos (Kroeber 1925, Larco 1938, 1939), como especímenes excavados arqueológicamente (Bennet 1939, Larco 1945, Kroeber 1925, Uhle 1915). Estas piezas demostraban una enorme consistencia estilística e iconográfica, que reflejaba la uniformidad cultural de la sociedad que las produjo. Ahora bien, esta consistencia estilística se debía a que los objetos estudiados, en gran medida, provenían de un área restringida, los valles de Chicama a Nepeña. Especímenes provenientes de los valles al norte del Chicama eran prácticamente inexistentes en estas colecciones, por lo que mal podían proporcionar evidencias de la diversidad del fenómeno cultural Mochica. La cultura Mochica descrita en la literatura es la cultura que se desarrolló en la región comprendida entre Chicama y Nepeña, es decir el Mochica-Sur. En este momento no era posible determinar si las conclusiones planteadas podían extenderse a la región norte, y hasta antes del descubrimiento de Vicús, esto era ser innecesario ya que el fenómeno Mochica parecía circunscribirse a la región sur de la costa norte.

  • Una misma secuencia

Larco no sólo tuvo acceso a la colección más grande de cerámica Mochica, él mismo excavó un gran número piezas en tumbas, dandose cuenta de sus asociaciones y relaciones estratigráficas (Larco 1945). Estas excavaciones le dieron acceso a conjuntos de objetos de indudable contemporaneidad y a superposiciones de tumbas que reflejaban secuencias cronológicas. En base a esta información de campo y al estudio minucioso de las características formales de la cerámica, Larco pudo establecer cinco fases sucesivas a través de las cuales evolucionó la cerámica Mochica (Larco 1948, Figuras 4 a 9). Esta secuencia describe en gran detalle la evolución de la cerámica decorativa Mochica, especialmente de las botellas de asa estribo, a través de un minucioso estudio de aspectos formales, técnicos y decorativos.

La cronología Mochica esbozada por Larco a principios de los años cuarenta y finalmente publicada en 1948 sirvió de base para una serie de estudios de campo que se trazaron como meta entender la prehistoria de la costa norte. El primero de estos fue el Proyecto Virú, que a partir de 1946 realizo un estudio sistemático y multidisciplinario del valle del mismo nombre. Los miembros del Proyecto Virú tuvieron acceso a las ideas de Larco en la famosa Mesa Redonda de Chiclín, el 7 y 8 de Agosto de 1946.

Las ideas de Larco y Kroeber fueron de mucha importancia para los jóvenes investigadores del proyecto Virú, especialmente porque el reconocimiento y la caracterización de los estilos de la costa norte planteada por estos autores se vio confirmada en sus investigaciones. La ocupación Mochica de Virú, y la variante regional del estilo Mochica en esta zona, fue denominada Huancaco, por el centro administrativo Mochica del mismo nombre. Luego de un minucioso análisis y de comparaciones con fragmentería proveniente de otros valles, James Ford arriba a la conclusión que la cerámica Huancaco de Virú es la misma que la que Larco denominaba Mochica en los valles de Moche y Chicama (Ford y Willey 1949). Las semejanzas eran tan grandes que Ford llega a afirmar que "si muchas de estas piezas no fueron hechas por los mismos artistas o de los mismos moldes, fueron producidas por lo menos por artistas entrenados en la misma escuela" (Ford y Willey 1949:66). Ford concuerda con Larco en que la cerámica Mochica evoluciona en Moche y Chicama de un sustrato Salinar, mientras que en Virú predomina cerámica "principalmente en técnicas de decoración negativas" (Ford y Willey 1949:66). La cerámica Mochica llega a Virú, de acuerdo a Ford, como un estilo maduro y como resultado en un proceso abrupto que se interpreta como una conquista militar que abarca los valles de Virú, Chao, Santa y Nepeña. El impacto de la cerámica Mochica se deja sentir con mayor fuerza en la cerámica decorada, y en menor grado en la cerámica simple, que permanece usando las mismas formas y técnicas que en el período anterior.

Duncan Strong y Clifford Evans (1952), a cargo de las excavaciones arqueológicas llevadas a cabo por el proyecto, encontraron algunas diferencias entre la cerámica Mochica excavada por Uhle (Kroeber 1925) y Larco (1945, 1948) y la cerámica de estilo Huancaco que apareció en Huaca de la Cruz y otros sitios Mochica de Virú. La más importante diferencia era el uso de pintura negra orgánica, aplicada después de la cocción. Ahora bien, las semejanzas eran suficientes como para considerarlos expresiones de la misma identidad cultural y, más aún, corresponderían con las fases III y IV de la cronología de Larco.

La secuencia de Larco fue corroborada posteriormente en numerosos trabajos de reconocimiento regional y excavación, especialmente cuando se descubrieron tumbas Mochicas. Las asociaciones de objetos encontradas en estos trabajos concuerdan con las características señaladas por Larco. En algunos casos es posible encontrar piezas que reflejan el tránsito entre períodos contiguos, por ejemplo piezas Mochica III-IV, donde encontramos características de los períodos III y IV, o ligeras diferencias que podrían deberse a variaciones regionales. La validez de la secuencia de Larco también fue puesta a prueba en un minucioso estudio emprendido en las colecciones cerámicas excavadas por Uhle (Rowe 1959, Donnan 1965). Los resultados de este estudio confirmaron la secuencia de Larco.

Christopher Donnan (1973), y posteriormente Donald Proulx (1968, 1973), realizaron trabajos de reconocimiento en los valles de Santa y Nepeña respectivamente. Si la cerámica Mochica en estos valles periféricos era semejante a la planteada por Larco, entonces la secuencia debía ser correcta. Donnan, familiarizado con las colecciones de Uhle y con los resultados del proyecto Virú, encontró que la cerámica Mochica en Santa era casi idéntica a la reportada en Chicama, Trujillo y Virú. Proulx también encontró especímenes semejantes en Pañamarca y una serie de cementerios alrededor de este centro ceremonial en el valle de Nepeña. Proulx confirmó la presencia Mochica en Nepeña en mayor detalle que simplemente los magníficos murales de Pañamarca (Bonavia 1985, Schaedel 1951).

La mayor limitación de la secuencia de Larco fue no incluir ceramios de manufactura simple y de uso doméstico. Ollas, cántaros simples, cuencos, y otras formas domésticas, figurinas y cántaros de cuello efigie no están reflejadas en la secuencia de Larco. Esto ha hecho difícil utilizar esta secuencia para fechar gran cantidad de sitios Mochica que no presentan cerámica elaborada en superficie, o en estudios de contextos que no incluyen este tipo de cerámica. Una salvedad es de rigor en este punto. Por mucho tiempo se ha criticado el hecho de que Larco no incluyera objetos de uso cotidiano en su cronología. Se argüía que, como coleccionista, Larco no estuvo interesado en este tipo de objetos. Pero a juzgar por la evidencia disponible de tumbas excavadas arqueológicamente (Donnan n.d., Donnan y Mackey 1978) un aspecto notorio de las tumbas Mochicas en las áreas estudiadas por Larco es la baja incidencia de materiales domesticos (Donnan y Mackey 1978, Kroeber 1925). Ollas, cuencos, cántaros simples y otros recipientes rudimentarios, si bien se encuentran en contextos domésticos con cierta frecuencia, aparecen en cantidades muy limitadas en las tumbas. Adicionalmente estas formas no cambian de manera significativa a través del tiempo, lo que las hace de difícil inclusión en secuencias cronológicas.

La conclusión del trabajo de Larco, y de las posteriores investigaciones en que éste fue comprobado y aplicado, es que la secuencia cronológica desarrollada por él es la mejor aproximación a la evolución del estilo Mochica con que se cuenta. Existiría, por lo tanto a partir de estos estudios una sola secuencia cerámica aplicable al fenómeno Mochica en las regiones estudiadas. La uniformidad en la evolución de la cerámica, a su vez confirmaría la noción de que los Mochicas fueron una sola entidad cultural. Lo que quedaba por definir era el ámbito geográfico al que aplicarían estas conclusiones.

Si bien gran parte de los investigadores han encontrado la secuencia de Larco de gran utilidad, no todos están de acuerdo con la aplicabilidad irrestricta de esta cronología. Ultimamente un número de investigadores que trabajan en la región norte del territorio Mochica han cuestionado la validez de la secuencia descrita por Larco (Kaulicke 1992, Shimada 1994). Peter Kaulicke, por ejemplo, afirma que "las subdivisiones de mochica (I hasta V) no se vislumbran claramente a través de las evidencias publicadas, ni para la zona sureña (territorio Mochica), ni para el norte. La deficiente precisión de los datos publicados (frente a una cantidad mucho mayor de datos inéditos) apenas permite una separación cronológica de elementos pre y post Mochica" (Kaulicke 1992:898). Para arribar a esta conclusión Kaulicke reexamina las evidencias funerarias disponibles, especialmente los contextos funerarios excavados en la Huacas de Moche por Uhle (1915, Kroeber 1925) y por el proyecto Moche-Chan Chan (Donnan y Mackey 1978). En estas evidencias Kaulicke no encuentra sustento empírico para la cronología de Larco, sino más bien evidencias para refutar su validez. A partir de nuestro propio análisis de los mismos datos, incluyendo el examen de las piezas inéditas de la colección de Uhle, no podemos estar de acuerdo con Kaulicke. Si bien es cierto que los datos para la fase temprana de la secuencia (especialmente la fase II) son casi inexistentes, existe suficiente información para confirmar la validez de la primera y las últimas tres fases. La colección de Uhle corrobora la secuencia de Larco, ya que existe una marcada consistencia entre los lotes funerarios y las fases cerámicas. No es posible hacer una crítica cabal de la secuencia de Larco sin contar con los materiales que este utilizó para establecer la secuencia o de las tumbas excavadas por Uhle, estos datos lamentablemente aún permanecen inéditos.

Todo parece indicar que la secuencia de Larco describe básicamente la evolución del fenómeno Mochica en las regiones comprendidas entre Chicama y Nepeña que, como se dijo antes, son las regiones de donde provienen los materiales en los que se basa la secuencia. Trabajos de investigación en los valles de Virú, Santa, Nepeña y últimamente Chao (Víctor Pimentel comunicación personal) confirman la presencia Mochica en estos valles y validan la caracterización planteada por Larco de su estilo cerámico. Este no es necesariamente el caso de la secuencia cerámica en los valles al norte de esta región. Como se discutió antes, la arqueología de los valles de Jequetepeque, Lambayeque y Piura era casi desconocida cuando Larco realizaba sus estudios. No cuestionamos la validez de la secuencia de Larco, sino su ámbito de aplicación. No es de extrañar que los investigadores que trabajan en los valles de Jequetepeque, Zaña, Lambayeque y Piura consideren que la secuencia es de difícil aplicación a sus materiales. Esto nos lleva a concluir que es necesario construir una secuencia cerámica alternativa para estas regiones. Esta secuencia deberá ser compatibilizada con las cinco fases de Larco a fin de permitirnos comparar los desarrollos de las diversas regiones.

  • Una sola entidad política

La tercera característica de la sociedad Mochica, y por cierto la menos discutida, es la concerniente a su estructura política. Si bien nunca se ha publicado un tratado comprensivo acerca de la organización política de la sociedad Mochica, a través de los años se han planteado algunos argumentos acerca de su nivel de complejidad (ver Shimada 1994). Estos argumentos, como veremos, adolecen de los mismos defectos que discutimos en las dos secciones anteriores. En la caracterización de las estructuras políticas se ha proyectado lo que sabemos para la región sur a todo el ámbito Mochica, asumiendo que todos los valles de la costa norte estuvieron en algún momento bajo el control político de un estado centralizado con sede en Moche. El colapso de este estado fue, por lo tanto, el fin del fenómeno Mochica en toda la costa norte. En un estado centralizado esperamos que el desarrollo en diversas regiones sea idéntico o por lo menos congruente, es decir que las instituciones sociales, económicas e ideológicas debieron desarrollarse paralelamente, sólo alcanzando mayor complejidad en el centro administrativo. El impacto de agentes exógenos debió afectar a todas las regiones integradas bajo el régimen centralizado por igual. Esto es aparentemente lo que sucede con el estado que se desarrolló entre Chicama y Nepeña, pero la información disponible en este momento contradice estos argumentos para la zona al norte de la Pampa de Paiján.

La indicación más clara de la complejidad, capacidad administrativa y militar de la sociedad Mochica-Sur, y de la necesidad de integrar a la esfera del estado nuevos territorios y una fuerza laboral más extensa está dada por el proceso de expansión y conquista de los valles al sur de Moche. Se ha argüido que esta expansión está documentada en dos fuentes: en las escenas de guerra o combate características de la iconografía Mochica y en la distribución de una serie de artefactos y elementos Mochicas en los valles de Virú, Chao y Santa. Ford, por ejemplo resume este proceso diciendo que " Chicama parece haber vencido en la carrera local por cohesión política y poder militar. El movimiento que esparció el fenómeno ceremonial Mochica hasta Nepeña fue casi seguramente militar en naturaleza" (Ford y Willey 1949:66). Ford veía en este proceso no sólo un aspecto militar, sino una expresión de instituciones que combinaban el poder físico de la guerra con el consenso generado por los sistemas ideológicos. El impacto e influencia de la ideología Mochica esta evidenciado en la producción y distribución de la cerámica ceremonial Mochica. Para Ford la ideología Mochica tuvo un papel preponderante en el proceso de incorporación de los territorios conquistados, cosa que se podía ver en las piezas decoradas que debieron de haber sido hechas por sacerdotes ceramistas, ligados a las clases gobernantes (Ford y Willey 1949:66).

La sociedad Mochica ha sido caracterizada con mucha frecuencia a partir de una serie de evidencias indirectas como una sociedad guerrera. Entre estas evidencias destacan ajuares funerarios de individuos adultos masculinos que incluyen parafernalia militar como porras, hondas, lanzas y mazas de guerra, y representaciones iconográficas donde dos grupos de guerreros combaten. Estas características han sido muchas veces usadas como demostración de la capacidad de esta sociedad para emprender la conquista de un amplio territorio. El uso de la iconografía Mochica como fuente histórica, como lo señalara Strong y Evans (1952:216-226) no sólo es peligroso sino que puede resultar francamente erróneo cuando se utiliza descuidadamente. La famosas escenas de guerra o combate presentan una serie de problemas si se quieren interpretar como ilustraciones de combates reales, especialmente si suponemos que representan los combates que se realizaron para expandir el territorio Mochica hacia el sur. En las escenas de combate ambos bandos en conflicto son, en la mayoría de los casos, Mochicas, en base a sus tocados, ornamentos y ropajes. En estas escenas rara vez se produce la muerte de un enemigo, sino que el derrotado es despojado de su tocado y sus ropajes, se le ata una cuerda al cuello y se le transporta a un recinto ceremonial, o en balsas. El destino final de los guerreros vencidos será la muerte por desangramiento, y la sangre será a su vez consumida "ritualmente" por una serie de divinidades (Alva y Donnan 1993, Donnan y Castillo 1992, 1994).

Si éstas son realmente representaciones de guerra resulta sospechoso que no se produzcan muertes, que luchen Mochicas contra Mochicas y que no hayan escenas de conquista o saqueo. Donnan y Hocquenghem han planteado convincente e independientemente que lo que se representa son combates ceremoniales donde grupos de guerreros Mochicas se enfrentan, uno a uno y cuerpo a cuerpo, en pos de prisioneros para los rituales de la ceremonia del sacrificio (Alva y Donnan 1993, Donnan 1988, Hocquenghem 1987). El acentuado militarismo Mochica, sobre todo la guerra expansiva (Wilson 1988), no está necesariamente representado en el arte, como tampoco está su maestría en tecnología hidráulica, su capacidad para organizar grandes fuerzas laborales, su complejo sistema de comunicaciones, ni siquiera la producción especializada de cerámica, pinturas murales y otras actividades de la vida cotidiana.

La segunda fuente de información, la presencia de elementos Mochicas en los valles de Virú a Nepeña, es claramente indicativa de la naturaleza expansiva del estado Mochica-Sur. La difusión de la cerámica y otros elementos Mochicas en los valles de Virú, Chao y Santa no obedece a un patrón de intercambio restringido o de una colonia, sino a la estrategia geopolítica de un estado expansivo y unificado. La cerámica de estilo Mochica comienza a aparecer en estos valles en la fase III (Donnan 1973, Proulx 1973, Strong y Evans 1952, Wilson 1988). A partir de este período estos valles son inundados con sitios de clara filiación Mochica, y muchos sitios asociados con la precedente ocupación Gallinazo son abandonados. La edificación de nuevos centros de acuerdo al plan Mochica implica cambios en las técnicas constructivas, en la producción de adobes, en la planificación y localización de los sitios, es decir, en todos los patrones de asentamiento. Toda la distribución de los sitios y su jerarquía relativa es alterada. Estos cambios son obviamente el resultado de un cambio de mandos, y políticas.

Ya que es lógico asumir que la expansión Mochica no contó con el entusiasta apoyo de las élites locales, podemos deducir por la intensidad y el efecto que tuvo sobre la población local que ésta se realizó a través de un proceso de conquista militar, o que el proceso tuvo un fuerte componente de este tipo. Hay que reconocer en este punto que carecemos de evidencias arqueológicas directas que nos indiquen cuál fue la mecánica de la expansión. A raíz de esta conquista grandes centros Mochicas aparecen en las partes bajas de los valles (Huancaco, Pampa de los Incas). La cerámica asociada con estos centros es a partir de este momento el ubicuo estilo Mochica IV, caracterizada por Moseley como el estilo corporativo de esta sociedad (1992). A partir de estas evidencias se concluye, por lo tanto, que durante la fase Mochica IV todas las áreas de la costa entre Chicama y Nepeña estuvieron bajo el control de un único y unificado estado Mochica.

El fenómeno expansivo evidenciado en los valles del área Mochica-Sur es el resultado del crecimiento de un sistema estatal centralizado. La naturaleza estatal de la sociedad Mochica-Sur resulta una interpretación obvia de una abrumadora cantidad de evidencias. Entre estas destacan evidencias funerarias (Donnan n.d., Donnan y Mackey 1978) y de organización interna de los sitios (Bawden 1977, Topic 1977) que indican que la sociedad Mochica estuvo complejamente jerarquizada, con posiciones sociales definidas desde el nacimiento y con una élite gobernante que basaba su poder en una combinación de coerción y consenso a través de la manipulación de violencia institucionalizada y de rituales así como otros mecanismos ideológicos. Los Mochicas tuvieron una economía planificada, centralizada y al servicio preferente de las élites gobernantes, con un vasto número de especialistas controlados por el estado, y un uso casi ilimitado de la mano de obra de los segmentos sociales dependientes. La magnitud de las obras públicas emprendidas por los Mochicas, tanto de infraestructura productiva como ideológica, implican niveles de trabajo y de planificación sorprendentes. La elaboración en las ceremonias religiosas, especialmente las relacionadas con el sacrificio de prisioneros y con rituales funerarios, y la participación diferenciada en ellos de diversos segmentos de la población (Castillo y Donnan 1994, Donnan y Castillo 1992, 1994) demuestran la importancia de este ámbito en la sociedad Mochica. Evidencias de todos estos aspectos, y no sólo unas cuantas piezas cerámicas, aparecen implantadas en los valles de Virú, Chao, Santa y Nepeña a partir de la fase Mochica IV.

Al sur del valle de Nepeña encontramos algunas evidencias de presencia Mochica, pero ninguna que implique ocupación permanente o control geopolítico. En el valle de Nepeña, que correspondería a la frontera sur del estado Mochica-Sur, encontramos una distribución de sitios Mochicas muy peculiar y que permitirían entender algunas características del proceso expansivo. En el valle de Nepeña, a diferencia de Virú y Santa, no encontramos un conjunto de sitios de diverso tamaño y función distribuidos homogéneamente a lo largo del territorio, sino un único gran centro ceremonial, Pañamarca, rodeado de pequeños cementerios (Proulx 1968, 1973). Este gran centro ceremonial vendría a ser un puesto de avanzada, con el que los Mochicas habrían iniciado la penetración en el valle de Nepeña. Este puesto está constituido, contrariamente a lo que podríamos imaginarnos, no por un edificio militar o defensivo, o por una sede administrativa, sino por un centro ceremonial. Encontrar templos donde esperábamos fortalezas nos permite entender que la ideología tuvo un importante papel en la penetración y expansión del estado Mochica.

Como se discutió en las secciones anteriores, debemos de preguntarnos cuál es el ámbito geográfico al que se aplicaría esta reconstrucción de la naturaleza política del estado Mochica. Larco y otros investigadores pioneros formularon sus interpretaciones pensando, nuevamente, en el área nuclear, y no en los valles de la periferia. Sus datos provenían de esta región, por lo tanto sus interpretaciones serían válidas sólo a ella. Larco estuvo en lo cierto al pensar que toda esta región estuvo en algún momento bajo la autoridad de una sola entidad política segmentada en diversos niveles de administración regional y local. De cuánta autonomía gozaron las diversas regiones comprendidas dentro del estado Mochica, no lo podremos saber hasta que no se realicen más excavaciones en sitios domésticos y centros administrativos Mochicas. En cualquier caso, Larco ya afirmaba que existía, bajo la autoridad centralizada de un Cie quich, un conjunto de gobernantes regionales, los Alaec (Larco 1945:22-23). Larco dedujo esta organización sólo de la distribución de vasos retratos; posteriormente sus ideas han sido corroboradas en base al estudio del patrón de asentamiento en los territorios conquistados.

Las numerosas investigaciones en la región comprendida entre Chicama y Nepeña han producido resultados que contrastan dramáticamente con los resultados de proyectos realizados al norte de esta región. Una de las diferencias más significativas es que la cerámica de los periodos Mochica III y IV, el estilo corporativo directamente asociado con la expansión y consolidacion del estado Mochica-Sur respectivamente, y encontrado en enormes cantidades en los valles entre Chicama y Nepeña, sea casi inexistente en los valles entre Piura y Jequetepeque. Cómo explicar que el patrón de asentamiento de este estado expansivo, caracterizado por un gran centro ceremonial/administrativo entre los valles medio y bajo, no se vea reflejado en ninguno de estos valles. Se trata acaso de un problema en la muestra, o estas diferencias obedecen a diferencias estructurales, es decir son el resultado de la acción de estados o entidades políticas distintas. La circunscrita aplicabilidad de las interpretaciones antes señaladas comienza a ser evidente cuando se trata de aplicarlas a los valles de Jequetepeque, Zaña, Lambayeque y Piura. En esta región desde los años 60' comenzaron a aparecer importantes evidencias de la ocupación Mochica. En estos valles aparecen evidencias que permiten definir grupos semejantes en muchos aspectos al Mochica-Sur, pero aparentemente con un desarrollo independiente y con características peculiares en su cultura material que serán discutidas en la siguiente sección.

Segunda Parte: Los Mochica del Norte y los Mochica del Sur

Hasta este momento nos hemos limitado a cuestionar la idea que sostenía que la cultura Mochica, en todas las regiones donde ocurrió, fue el resultado del mismo fenómeno político y social. Si esta noción no es válida, y lo que entendíamos como Mochica sólo es aplicable a la esfera sur de este fenómeno, entonces cómo debemos caracterizar a la sociedad Mochica-Norte.

La intención de esta sección no es dar cuenta definitivamente de todas las características del fenómeno Mochica-Norte. Esta tarea es teórica y prácticamente imposible a estas alturas por cuanto la mayor parte de la información arqueológica que se tenía antes de 1985 tiene que ser analizada e interpretada nuevamente, y la información que se ha recogido después de esta fecha en su mayoría aun no ha sido publicada. Lo que podemos hacer con los datos con que contamos es ofrecer una perspectiva regional, la del valle del Jequetepeque, donde se han concentrado nuestras investigaciones hasta la fecha.

Una salvedad es de rigor en este punto para evitar caer en el mismo tipo de error que se critica aquí. El valle del Jequetepeque, y la historia cultural que allí estamos reconstruyendo con un programa sistemático de investigaciones, no necesariamente deberá ser entendido como un microcosmos de la historia cultural de toda la región Mochica-Norte. Es muy posible que los resultados con que contamos para esta región nos presenten un desarrollo que, si bien más cercano a lo que aconteció en Lambayeque y Piura que lo que pasaba en la región sur, es sin embargo sólo una expresión regional. No podemos asegurar, en resumidas cuentas, si los diferentes valles de la región Mochica-Norte no tuvieron desarrollos independientes. Todo parece indicar, por ejemplo, que la secuencia de Piura sería distinta, y posiblemente más corta que la secuencia de los otros valles; Lambayeque, por otro lado experimentó un florecimiento durante el período Mochica Tardío que no es comparable con el de los otros valles. Dicho esto podemos regresar a las diferencias entre el Mochica-Norte y el Mochica-Sur, y la secuencia planteada aquí para caracterizar el desarrollo del fenómeno Mochica-Norte en el valle del Jequetepeque.

Aparentemente los valles de Jequetepeque, Zaña, Lambayeque y Piura estuvieron física y culturalmente separados de los valles del territorio Mochica-Sur. Entre las dos regiones se encuentra la Pampa de Paiján, una llanura desértica de más de 50 kilómetros de extensión que sirvió como barrera natural y cultural para sociedades prehispánica antes y después de los Mochicas (Donnan y Cock 1986b). Esta barrera no sólo fue cosa del pasado; Trujillo y Chiclayo, cada una con sus respectivas órbitas de influencia, marcan todavía la separación de las dos grandes regiones de la costa norte. La gran cantidad de cerámica de estilo Cajamarca hacia fines del desarrollo Mochica en Jequetepeque indica, más bien, que los Mochicas de Jequetepeque mantuvieron un fuerte contacto con las sociedades que se desarrollaban en la sierra norte aledaña. El valle del Jequetepeque parece haber servido de eje de transición para una serie de movimientos y rutas comerciales que unían la costa norte con la zona andina central. Estos intercambios experimentaron un inusitado desarrollo durante las primeras fases del horizonte medio, coincidiendo con el final de la cultura Mochica y su evolución hacia otras tradiciones, entre ellas el conspicuo estilo Lambayeque.

Cuando juzgamos la relación entre las sociedades Mochica-Norte y Mochica-Sur nuestra fuente de información más importante es la cerámica, especialmente la compleja cerámica ceremonial. En ésta se reflejan vívidamente los cambios y las interacciones entre diversas sociedades, las tendencias estilísticas, los prestamos y las idiosincrasias locales.

Cuatro grandes características distinguen los desarrollos de las tradiciones cerámicas sureña y norteña:

a) la escasez pronunciada de cerámica Mochica-Sur de la fase IV y de una serie de formas como huacos retratos, cancheros y floreros en los valles al norte de la Pampa de Paiján, así como de decoración pictórica de línea fina del tipo Mochica IV (Castillo y Donnan 1994);

b) la excepcional calidad y belleza de la cerámica Mochica-Norte Temprana, especialmente en piezas escultóricas donde se representan seres humanos o animales (Donnan 1990, Narváez 1994);

c) la predominancia de jarras y cántaros de cara-gollete en las fases Media y Tardía del Mochica-Norte (Ubbelohde-Doering 1983); y

d) el extraordinario desarrollo de la pintura de línea fina durante el período Mochica-Norte Tardío (McClelland 1990, Donnan y McClelland 1979).

  • El fenómeno Mochica Norte

El primer indicio que nos reveló que la secuencia cerámica, y por lo tanto la historia ocupacional de las dos regiones de la costa norte habían seguido diferentes derroteros fue la carencia de una serie de formas y estilos comúnmente asociados con el fenómeno Mochica-Sur. Dos formas son peculiarmente escasas: los floreros, y los cancheros. Algunos floreros de estilo Mochica V han sido excavados en Pampa Grande (Shimada 1976:194) pero podrían haber sido importados desde el sur. Igualmente cancheros han sido reportados muy pocas veces en la región norte, en Sipán (Alva, comunicación personal 1994) y en la región de Vicús (Makowski, comunicación personal 1994). Tampoco aparecen en esta región los llamados huaco retratos. La carencia de estas formas, de acuerdo a lo planteado por Larco, significaría que esta región no estuvo dentro del ámbito de control de los Cie quich con sede en Moche y Chicama.

La escasa presencia de cerámica de estilo Mochica IV en los valles al norte de la Pampa de Paiján es aun más significativa. Es importante recalcar que no se trata de una absoluta carencia ya que existen algunos reportes de cerámica Mochica IV en la región, sino de una escasez pronunciada, especialmente en relación a las cantidades que encontramos en los valles de la región sureña. Carlos Elera (comunicación personal, 1994) excavó un conjunto de ceramios de este estilo en Puerto de Eten (ver Shimada 1994:55). Carlos Deza (comunicación personal, 1993) afirma haber visto a huaqueros ofreciendo piezas Mochica IV en el valle de Zaña. Izumi Shimada también ha reportado este tipo de cerámica para una serie de sitios en Batán Grande pero sin documentar sus aseveraciones (1994). En colecciones del valle del Jequetepeque existen algunas pocas piezas en este estilo, pero parecen haber sido traídas desde el sur. Shimada (1994:39) publicó un mapa de "las ocupaciones Moche documentadas" en los valles de Reque-Chancay y Zaña con indicaciones de las fases Mochicas en que estos sitios fueron ocupados. Una inspección directa de una serie de los sitios presentados en dicho mapa (Santa Rosa, Sipán, Saltur, Collique y Cerro Corbacho) arrojó resultados negativos en cuanto a la presencia Mochica IV. Tampoco encontraron este estilo de cerámica investigadores que han trabajado en esta región por varios años (Walter Alva, Jorge Centurión, y Carlos Wester; comunicación personal, 1993). Con relación a Pampa Grande, también mencionada en dicho mapa, si bien en un reconocimiento parcial del sitio no pudimos encontrar materiales Mochica IV es posible que excavaciones estratigráficas pudieran haber producido este tipo de materiales. Esperamos la publicación de los resultados de la investigación de Kent Day y Izumi Shimada donde estas incógnitas deberán ser resueltas y documentadas.

En conclusión, existen evidencias de la presencia de cerámica de estilo Mochica IV en la región norte, pero en cantidades muy limitadas y en contextos muy mal documentados. Por falta de información contextual no se puede determinar aún si se trata de piezas intercambiadas, o de evidencias de pequeños asentamientos controlados por los Mochica-Sur. Aparentemente un cierto intercambio de cerámica existió entre las dos regiones (Larco 1966b. También se intercambiaban piezas de cerámica con la sierra norte aledaña, conchas de spondylus con el Ecuador y plumas con la región amazónica. Por cierto, ninguno de estos intercambios tuvo consecuencias de largo plazo en términos de la identidad o independencia política del estado Mochica-Norte. El conjunto de piezas encontrado por Elera en un pozo de prueba en el Puerto de Eten, y los materiales encontrados por Shimada en Batán Grande podría corresponder a la segunda posibilidad, un pequeño asentamiento. Lo que resulta sospechoso es que, hasta la fecha, sitios arqueológicos Mochica IV, especialmente sitios de la magnitud de los asentamientos encontrados en los valles de Chicama a Nepeña, no han sido reportados. Si los Mochica-Sur de la fase IV controlaron los valles de Piura a Jequetepeque lo hicieron a través de un sistema de asentamientos insólito y que además ha burlado a cinco generaciones de arqueólogos.

Lo que esta carencia implica en términos de la estructura política de los estados Mochicas es muy importante. Moseley definió acertadamente al estilo Mochica IV como el estilo corporativo del estado Mochica expansivo. Su presencia en un sitio arqueológico delata la presencia, y en algunos casos permite documentar la expansión del estado Mochica. Si bien algunos ejemplares de este estilo confirman que hayan habido contactos entre estas entidades políticas, cantidades limitadas de este estilo cerámico no pueden ser interpretadas como evidencias de la conquista y control geopolítico de la región. Los Mochica-Sur durante la fase IV no estaban dedicados a la exportación de cerámica, sino a la conquista de grandes territorios, que inmediatamente eran reorganizados de acuerdo a un patrón de asentamientos que maximizaba los intereses del conquistador. Ninguno de estos fenómenos, conquista o reorganización, se reflejan en los datos recogidos al norte de la Pampa de Paiján. Debemos concluir entonces que el estado Mochica-Sur no cruzó esta barrera. En la región norte se desarrollaron independientemente otros estilos, que también pueden ser considerados corporativos, con características propias que reflejan entidades políticas y sociales independientes. Estos estilos, por la cercanía cultural de las dos regiones Mochicas, presentan muchos rasgos en común con su contraparte sureña, sin embargo su desarrollo, es decir su secuencia, es diferente y sus características son peculiares. Esto nos lleva a enfatizar que diferencias en las estructuras políticas no necesariamente indican diferencias culturales, es decir que los Mochicas constituyeron diferentes estados pero no diferentes culturas. Es claro que los estados Mochica-Norte y Mochica-Sur compartieron suficientes elementos en común, como la religión y las costumbres, que impidieron una deriva cultural, es decir que al estar aislados uno del otro con el tiempo se convirtieran en dos culturas diferentes. La religión y el sistema ceremonial, uno de los mecanismos de poder político de las élites aparece como uno de los más importantes elementos de intercomunicación entre estos estados.

  • La secuencia cerámica del Mochica Norte

Las diferencias entre las tradiciones cerámicas Mochica-Norte y Mochica-Sur permiten aislar estos dos estilos y seguir independientemente su desarrollo. En el caso de la cerámica Mochica-Norte este desarrollo puede ser dividido, en este momento, en sólo tres fases: Mochica Temprano, Medio y Tardío (Castillo y Donnan 1994). Las tres fases del Mochica-Norte en Jequetepeque (Figura 10) han sido reconstruidas a partir de un cuidadoso análisis de datos estratigráficos provenientes de las excavaciones en San José de Moro (Castillo y Donnan 1994, Donnan y Castillo ms., Castillo y Rosas ms.) y Pacatnamú (Donnan y Cock 1986b, Ubbelohde-Doering 1983), del examen de contextos funerarios excavados en La Mina, Pacatnamú y San José de Moro (Castillo ms., Castillo y Donnan 1994, Donnan y Castillo ms., Donnan y Cock 1986b, Donnan y McClelland ms., Narváez 1994, Ubbelohde-Doering 1967, 1983) y de información derivada de un análisis cuidadoso de colecciones locales. La información estratigráfica encontrada hasta la fecha sugiere dos períodos ocupacionales, que incluyen la construcción de tumbas, que estarían asociados con especímenes cerámicos de lo que más adelante se caracteriza como Mochica Medio y Tardío. No se ha podido ubicar aún evidencia estratigráfica para la fase temprana de la secuencia, sin embargo, es posible encontrar conjuntos de ceramios que corresponderían con este período. En base a estos datos se han podido organizar más de ciento treinta entierros Mochicas excavados arqueológicamente en Jequetepeque en estos tres períodos. Los materiales asociados con estos entierros, y su ocurrencia en los perfiles estratigráficos han permitido reconstruir las tres fases estilísticas de la cerámica Mochica en el valle del Jequetepeque.

  • El período Mochica Temprano

De los tres períodos que conforman la secuencia ocupacional Mochica del valle del Jequetepeque, el período Mochica Temprano es el menos documentado. Evidencias de este período han sido encontradas en sólo cuatro sitios del valle: Pacatnamú, La Mina, Tolón y Dos Cabezas (Figura 10). Lamentablemente, con contadas excepciones, la mayor parte de la información que poseemos de la ocupación Mochica Temprano de estos sitios no ha sido documentada arqueológicamente. Por esta razón casi toda la cerámica que podemos reconocer para este período es de alta calidad; ceramios de calidad media, como jarras y figurinas, o ceramios simples de uso doméstico, como ollas y cuencos, son casi desconocidos.

En Pacatnamú, ubicado al norte de la desembocadura del río Jequetepeque, el período Mochica Temprano está representado únicamente por una botella con asa estribo modelada en forma de búho (Figura E1). Este ceramio fue excavado por Heinrich Ubbelohde-Doering en una simple tumba de pozo junto con una olla con cuello que posiblemente pertenece al período Mochica Medio (Ubbelohde-Doering 1967:26, 67; 1983: 128-129). Cabe la posibilidad que la tumba, y no sólo la olla, pertenezca al período Mochica Medio, en cuyo caso la botella con asa de estribo habría sido considerablemente antigua cuando fue puesta en la tumba. Ninguna de las otras 126 tumbas Mochicas excavadas en Pacatnamú contenían cerámica diagnóstica para el período Mochica Temprano, así como tampoco se reportaron fragmentos de cerámica de este período de las extensas excavaciones conducidas en el sitio por Ubbelohde-Doering en 1937-39, 1953-54 y 1962-63, y por Donnan y Cock entre 1983 y 1987. Esto implica que si bien Pacatnamú tuvo una ocupación Mochica significativa durante los períodos Medio y Tardío, el sitio no fue ocupado durante el período Temprano.

El sitio de La Mina es posiblemente el lugar más importante donde cerámica del período Mochica Temprano ha sido encontrada (Donnan 1990, Narváez 1994). La Mina se encuentra en la margen sur del valle del Jequetepeque, aproximadamente a 5 kilómetros del mar (Figura 10). La historia de la excavación de la Mina es un tanto penosa, ya que si bien es el único sitio Mochica Temprano que se ha podido excavar arqueológicamente, esto fue posible únicamente después de que los huaqueros habían dado cuanta de casi todo el contenido de la tumba. Aproximadamente a mediados de 1988, un grupo de huaqueros comenzó a extraer una gran cantidad de objetos de oro, plata y cobre aparentemente de una rica tumba Mochica en el valle del Jequetepeque. La tecnología, forma y extraordinaria calidad artística de estos objetos (Lavalle 1992) era similar a la de objetos encontrados en las tumbas reales excavadas por Walter Alva en Sipán, en el valle de Reque (Alva 1988, 1990; Alva y Donnan 1993; Figuras 1 y 2). Sin embargo, el estilo de estas piezas era suficientemente diferente del estilo de los objetos encontrados en Sipán como para distinguir fácilmente ambos conjuntos (Donnan 1990). Junto con los objetos metálicos los huaqueros aparentemente encontraron un gran número de botellas de cerámica modeladas en forma de seres humanos, animales y aves, incluyendo búhos casi idénticos a la botella encontrada por Ubbelohde-Doering en Pacatnamú.

En Mayo de 1989 la tumba de La Mina fue finalmente localizada por personal del Instituto Nacional de Cultura, iniciándose inmediatamente una excavación de salvataje a cargo de Alfredo Narváez, y con la colaboración de Christopher Donnan y Alana Cordy-Collins (Narváez 1994, Donnan 1990). Excavando cuidadosamente un área de la tumba que no había sido disturbada, los arqueólogos encontraron siete botellas de cerámica que habían escapado a la atención de los huaqueros (Figura E2). Estas incluían un guerrero arrodillado, una persona llevando una jarra en su hombro izquierdo, un felino cuyos ojos estaban adornados con incrustaciones, un individuo sentado con la cara decorada con un diseño de ola (Figura E3), un búho (Figura E4), y un individuo sentado con un tocado circular (Figura E5). También se encontró una pieza en cerámica negra modelada en forma de un cóndor (Figura E6) y una jarra con abultamientos en la cámara (Figura E7). Los ceramios recuperados arqueológicamente de La Mina estaban todos rotos por compresión debido al peso del relleno. Más aún, durante la excavación de salvataje se recuperaron numerosas piezas de concha cortada que originalmente fueron incrustaciones usadas para adornar los ojos y otros accesorios de las piezas cerámicas que fueron extraídas de la tumba por los huaqueros.

Tolón, un tercer lugar en donde se encontraron especímenes cerámicos del período Mochica Temprano, a diferencia de los otros tres sitios está localizado en la margen sur del valle medio del Jequetepeque, aproximadamente a 33 kilómetros del mar (Figura 10). A mediados de los años setenta un numero de tumbas simples de pozo conteniendo ceramios de estilo Mochica Temprano fueron huaqueadas del sitio (Figuras E8 a E16). Estas piezas están modeladas en forma de individuos sentados o arrodillados (Figuras E8 a E11), felinos (Figuras E12 a E14) y aves, incluyendo búhos (Figuras E15 y E16). Muchas de estas piezas son casi idénticas a las encontradas en La Mina (por ejemplo, comparar las figuras E5 y E9), y por lo tanto su contemporaneidad y afiliación estilística parece segura.

El cuarto sitio donde cerámica del período Mochica Temprano ha sido encontrada es Dos Cabezas (Figura 10), ubicado al sur de la desembocadura del río Jequetepeque. El sitio está constituido por varias pirámides de regular tamaño, áreas de aparente carácter doméstico adyacentes a las grandes estructuras y lo que parecen ser basurales, que además contienen evidencias de pequeñas habitaciones y numerosos fogones. Si bien Dos Cabezas no ha sido aún excavado arqueológicamente, un examen cuidadoso de los fragmentos de cerámica que se encuentran en el sitio sugiere que su ocupación incluye tanto el estilo Virú, que normalmente precede al estilo Mochica, así como el período Mochica Temprano. Hasta que no se realicen excavaciones en el sitio no se podrá determinar cual es la relación exacta entre estos dos estilos, es decir si uno precede al otro o si ambos son contemporáneos. Además de estas evidencias, se sabe que un número de tumbas que contenían ceramios de estilo Mochica Temprano fueron huaqueadas de Dos Cabezas a principios de los años ochenta. Estas piezas incluirían los característicos felino